Poesías


EL TIOVIVO

Gira, gira girando
la rueda de la feria

A sus pies
sueña, sueña soñando
la multitud ingenua.

Ruidos estridentes
fríos
oxidados de la rueda

Canciones de verbena

en el rincón opuesto
la lúgubre silueta contemplante
del místico poeta
boquiabierta
insultante
irritante
sin llegar a entender el por qué de la fiesta


VACÍO

Espacios estelares,
negros,
infinitos.

Girando cual peonza en equilibrio
entre imanes que se oponen y se evitan
errando en el vacío
vaga el alma
buscando su camino sin encontrar la puerta.

Mientras, el átomo brillante
del febril estío
lejano
la despierta.

Ausente
el mundo gira y da la vuelta

Soles de nuevos mundos

Quizás nunca haya estado bien alerta,
Quizás…
pero quizás no es nada
aunque quizás no sea de este mundo.


GUADARRAMA

Granitos, musgo, retamas,
Susurros de viento verde
Azul del alba

Hogueras que a las estrellas llaman
cuando la tarde se pierde

Sueños en hilos de plata
rompiendo la madrugada

Aromas de la retama
Pino verde
Nieve blanca

Guadarrama


Para Mariano, mi esposo, como homenaje en su funeral.

Siempre a mi lado


Cuatro huellas del camino
Dos almas entrelazadas.
Tú eras roble y yo era espino
Tú eras majuelo y yo jara
Tú la encina y yo el quejigo
Tú las piedras y yo el agua

Caminamos siempre unidos
Y el destino nos separa
Pero tú vendrás conmigo
A donde quiera que vaya…
Dos huellas en el camino...
Las otras dos en mi alma.

 

Fantasmas de soledad


Hoy he vuelto a perder la luz del día,
me ha cegado la noche del recuerdo.
No termina al llegar el alba fría
que no alivia el dolor en que me envuelvo.

Sombra oscura a mi lado caminando,
carga pesada de futuro incierto,
cadenas que me arrastran chirriando,
barca sin remo que no llega a puerto.

Ya no hay soles surgiendo en las montañas,
solo nubes llorándome muy dentro,
grises formas, lúgubres, extrañas,
fantasmas que me salen al encuentro.

Sacudirme quisiera de este fardo
pesado, triste, ciego…
Apurar de una vez el trago amargo.
Llorar luego…

Que se vuelva la noche luz del día,
ver mi puerto.
Que el chirrido se torne melodía
del recuerdo.

Soledad, no me asustas si comparto
contigo viejos tiempos.
Sacudirme quisiera de este fardo
pesado, triste, ciego…

Poder recrearme en las memorias,
reír luego,
borrar la amargura de este fardo
pesado, triste, ciego…
Y sentir junto a mí como halo suave
fragancias de silencios.

Matar la noche, soñar luego.

 

 

EL RÍO DE MI VIDA

Cuando ya no esté ¿Qué quedará de mi recuerdo?
¿Quién mirará al cielo y pensará que un día
mis ojos se perdieron buscando su silencio?

Pienso, medito y veo cuanta razón tenía
aquel Jorge Manrique,
cuando nos dijo, siglos ha, que nuestras vidas
son los ríos que van a parar al mar, que es el morir.

Y así como un río deslizante a su destino,
camino por la vida entre marañas de injusticias,
entre anhelos y deseos incumplidos,
buscando el final.

Mientras, mi río se ensancha con los años
arrastrando las hojas muertas que encuentra en su camino.
Quisiera que aquello que mi cauce conservara
fueran ilusiones cumplidas.

Pero sopesando en la balanza son más los desengaños.
Y en su cauce turbulento, mil historias se escriben
con un llanto escondido.

Ahora que mi vida va en declive
hago lectura de lo que ha sido mi destino,
y veo que por más que me he esforzado,
nunca he trazado realmente mi camino.
Es el azar quién lo ha marcado.

Y me dejo llevar como el río que se mueve
siguiendo las líneas retorcidas de la tierra.
Como él, de mi camino no soy dueña,
Es el relieve quien decide.

Y sonrío mostrando buen semblante
a aquellos que de mí sonrisa esperan
¿De que vale llorar? Hay que tirar "pa'lante"

Y como el río,
escondo la faz severa del lecho pedregoso.
Y muestro una imagen de eterna primavera,
de brillantes espumas y espejos luminosos,
olvidando que a veces también es hermosa la tristeza,
y que reflejos de troncos secos del invierno
son un cuadro que el mejor pintor plasmar quisiera.

Ahora que la vejez impera
y las arrugas y las canas vienen a mi lado
escucho el manido comentario de los que solo ven por fuera
el espejo de las aguas de mi río:
¡que bien lo llevas!

Y mi alma se consume y se seca
como seca el estío
el cauce que quisiera estar siempre en primavera.

Y sigo caminando, como el río, sobre pautas trazadas
por volcanes que la faz de la tierra un día formaron,
esperando que mi volcán no deje salir la ardiente lava
que quemara la sonrisa que en mi rostro he colocado.

Bien poco me importa si algún día,
cuando ya no esté, mi sueño cae en el olvido,
si a los seres más queridos he perdido,
y a los más queridos que aún me quedan
liberarles deseo de un recuerdo dolorido.

De poco vale un sueño, que de nuevo
poniendo las palabras de un poeta,
los sueños, sueños son, y cuando te despiertas
nada queda de ellos.

Sigamos placenteros a la meta
que espera junto al mar, nuestro destino.
¿Cuanto nos queda recorrer? es muy incierto,
depende de las trazas del camino.


 

Despedida

Cuando yo me muera,
queridos amigos,

no lloréis de pena.
Celebrad conmigo
que mi alma vuela
surcando caminos.

Por retama y jara,
por robles y pinos,
sin ninguna carga,
sin ningún destino,
sin penas amargas…
surcando caminos.

Cruzando arroyuelos
de blancas espumas,
junto a los majuelos,
por entre las brumas
subiré hasta el cielo
como ave nocturna.

Las blancas estrellas
de sedoso velo,
marcarán con huellas
de su luz el suelo.
Serán compañeras
de mi eterno vuelo.

Y al llegar arriba,
donde canta el cielo
dulces melodías,
junto a los enebros
esperaré el día
en que vuelva veros

subir la montaña,
el cuerpo ligero,
la mente cargada
de viejos recuerdos,
de historias soñadas,
de sabor añejo…

Queridos amigos
no lloréis de pena
celebrad conmigo
que allí, junto al cielo,
estamos unidos
viejos compañeros.

 

A MALICIOSA


Ingente mole que te elevas regia sobre el verde llano,
Desafías, ingrata, al humilde ser que desde abajo te contempla.
¿No comprendes que, por un instante, el pobre humano
Se vuelve recio si sus fuerzas templa?
De nada servirán tus rocas puntiagudas
Ni tus grietas angostas, que la angustia de los débiles despierta
Cual ave voladora ha de cruzarlas su bravura,
Con fe en la gloria y con la mente alerta.
No han de pararle tus nieves quebradizas
Ni el hielo infranqueable escapará a sus huellas.
A tu cumbre que de crestas orgullosa y brava erizas,
El hombre llegará y dueño será de ella.
Y el llano de verdor hallará pleno
Y el cielo encontrará más cerca.
Y al regresar al valle de hermosa gloria lleno,
De un nuevo desafío te hará afrenta.
Y no podrá vivir sin ver de nuevo
Tus cumbres soleadas y tus angostas grietas.
Hollará con sus pies la alfombra de tu suelo,
Sufrirá la fatiga de tus cuestas.
Serás del hombre y el hombre será tuyo,
Será tu rey y tú serás su reina
Por él olvidarás tu orgullo
Y él te sentirá más cerca.
Y pedirá llegar al cielo por tu cumbre
Y que al morir le guarden tus laderas
Y que cubra su tumba un pino tuyo
Y que brote en su lecho fresca hierba
¡Ingente mole que orgullosa desafías al mundo!
¿No ves, ingrata, como el hombre te desea?


El Valle de la Fuenfría

Granitos de Guadarrama,
retazos de musgo verde,
amarillos de retama
por donde el viento se pierde.

Azules de amanecer
son la luz de la mañana.
Fuego del atardecer,
dulce poesía serrana.

El susurro de la fuente
canto de la madrugada,
cordón de plata viviente
por donde el sueño resbala.

Granitos de musgo verde,
pinares de Guadarrama,
por donde el viento se pierde
entre aromas de retama.

 

A quienes miran a los montañeros como a seres extraños.

¿Quién soy?

¿Qué quién soy?
Un ser extraño.
¿Qué a donde voy?
Donde tú no.
¿Qué que quiero?
Lo opuesto a ti.
Ya ves, aunque te extrañe
yo soy así.
Quiero andar por los senderos
con botas de montañera,
tu prefieres carreteras
y un caparazón de acero.
Te adornas de oro y diamantes,
de sedas y telas finas
yo me adorno en las colinas
con los soles más radiantes.
Bebes licores y vinos
Como hacen las finas gentes.
Yo bebo agua de las fuentes
que manan por los caminos.
Tu sueles darte cartel
comiendo en los restaurantes,
con cubiertos muy brillantes
y con lucido mantel.
Yo solo quiero por sillas
la piedra y el suelo llano,
como cuchara mi mano,
y por mesa mis rodillas
Y dime, ¿por qué a la lluvia
la miras tras los cristales,
y si hace viento no sales,
y tu ánimo se enturbia?
Yo me voy a la montaña
para que me curta el viento,
y el mayor placer los siento
cuando la lluvia me baña.
Así pues, de cualquier modo
vamos por otros caminos,
porque tenemos destinos
antagónicos en todo


 

Mi alma es como una niña pequeña. No envejece. Le gusta caminar entre las flores y las mariposas en primavera, y jugar con las nieves de los inviernos. Es solitaria y caprichosa. Por eso un día la dejé en Guadarrama escondida.

ALMA ESCONDIDA

Entre retamas y acebos
del Valle de la Fuenfría
dejé escondida mi alma,
la pobre, me lo pedía.
Quería que cada noche
la acariciara la luna,
y que cada amanecer
el musgo fuera su cuna.
Quise cumplir su deseo,
y en una tarde sombría
cuando el cielo se ha nublado
y la nieve se avecina,
la dejé buscar su sueño,
errando por las colinas.
Volví a casa solitaria
con mi alma en la Fuenfría.
Volví con solo el recuerdo,
llena de melancolía.
Hoy he venido a buscarla,
la encuentro casi dormida.

Tiene sosiego en su cara,
y la mirada perdida
en las crestas de las cumbres
del Valle de la Fuenfría.
Me va contando a retazos
que ha vivido con los duendes
con las hadas y los trasgos.
Y en su rostro sonriente
se dibuja una mirada
con una luz diferente.
Me pide que no me vaya,
que me quede aquí con ella.
Y mientras que mi voz calla,
una lágrima se cuela
por las mejillas de nardo
que forman la luna llena.
Pobre alma solitaria,
pobre luz que lleva el viento
por cumbres de Siete Picos
como palabras de un cuento.
Hoy volveré a abandonarte,
porque quiero que sonrías,
escondidita en la nieve
del Valle de la Fuenfría.
A que me cuentes historias
vendré a buscarte otro día,
historias de musgo y nieve,
de amor y melancolía.