Puerto y valle de Belagua, por el collado de Arrakagoiti.

Karst de Larra

La ruta de hoy es cómoda, unos siete kilómetros por buen sendero. El comienzo, casi la mitad del recorrido, es un camino llano, cruzando la ladera del monte Lakora hasta el collado de Arrakagoiti.

Después de atravesar por carretera el valle y contemplar los roquedos del Karst de Larra comenzamos a caminar junto al refugio que se encuentra en el puerto de Belagua.

 

Los Pirineos desde el Puerto de Belagua

Desde este punto las vistas de los Pirineos son fantásticas.

¿Que picos son aquellos? Es probable que alguno de ellos sea la Mesa de los Tres Reyes, o el Orhi. Pero no me aventuro a asegurarlo. Es una filigrana de picachos grises por los que suben los bosques hasta un punto en donde ya no pueden sobrevivir a causa de la altitud.

Arriba son enormes piedras blanquecinas las que predominan y asoman sus afilados salientes recortando el aire.

El cielo está azul, lleno de luz, con flecos de nubes deshilachadas que rompen la monotonía.

Este lugar está lleno de parapentes y alas delta. Se lanzan desde las empinadas laderas y surcan el cielo mezclándose con los buitres, águilas y halcones que abundan en estos parajes. Ponen un punto de color en el ambiente, pero nosotros nos alejamos y comenzamos a atravesar las laderas del pico Lakora.

Desde la bajada al Valle de Belagua

El camino es cómodo, un estrecho sendero donde abundan trozos de rocas calizas. A pesar de que la pendiente es fuerte está bien trazado, atraviesa la ladera casi llano y se encamina sin dudarlo a unas moles oscuras frente a nosotros. El sol a su espalda consigue que el color de la piedra parezca casi negro. No puedo encontrar el modo de hacer una foto a la zona. Lo único que consigo que entre en el objetivo es el sol, bastante bajo por la hora tardía.

El valle de Belagua es un paraje verde, salpicado de bordas como aquí se les llama a estos caseríos aislados.

Una sucesión de montañas superpuestas lo rodean.

 

Valle de Belagua

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Están cubiertas de bruma, por entre la que destaca el verde de los pinares y el amarillo de los árboles caducos que se mezclan entre ellos. Al fondo las praderas y los tejados rojos, y entre ellos la carretera que serpentea hacia el puerto.

Nuestro camino es una alfombra de verde pasto salpicada de azafranes de un violeta intenso. Son unas flores muy hermosas. En Guadarrama abundan los azafranes, de color malva claro, incluso blancos, algunos de un blanco muy puro. Aquí son violetas intensos los que tiñen sus pétalos. Son muy abundantes, forman rodales diseminados por las praderías.

Casi sin darnos cuenta nos acercamos a la gran mole oscura, que resulta ser tres lomas escarpadas, los montes Keleta, Lakartxela y Bimbalet.

Collado de Arrakagoiti y barranco de Kakueta

Estamos en el collado Arrakagoiti. Es un idílico paraje desde el que podemos contemplar el Barranco de Kakueta, en el vecino país de Francia. Al fondo una cadena montañosa, igualmente francesa, de la que nos separa un bonito valle.

Descansamos en la pradera, volviendo la vista a nuestro alrededor, empapándonos de hermosas imágenes, todas distintas, suaves colinas, afilados picos y verdes valles.

Keleta, Lakartxela, Bimbalet

De nuevo en marcha, comenzamos una bajada pronunciada junto al cauce de un barranco. Lo que al principio es un pastizal plagado de azafranes, cambia pronto para ser un hayedo frondoso. Aún no han cambiado el color, están empezando a tomar un tono amarillento, pero a pesar de que la magia de las hayas no se haya producido aún, es algo delicioso caminar bajo sus ramas. El haya es un árbol acogedor. De copa grande, extiende sus ramas cargadas de hojas como si quisiera abrazarnos. Se entrelazan unas con otras, se unen a los árboles vecinos se cierran ocultando el cielo en una bóveda verde y fresca.

Valle de Belagua

En nuestra bajada hemos encontrados lápidas recordatorias de montañeros que han perdido la vida en estas laderas. Realmente son empinadas. Es probable que en invierno, cuando el tiempo es adverso, las placas de hielo, el viento o la lluvia hayan sido los causantes de estos accidentes. Estas lápidas nos recuerdan que la montaña es poderosa y que no siempre caminar por ella es tan fácil como en este momento. En una de ellas, un epitafio llama mi atención, tras un nombre que no recuerdo, añade algo así "buscando la libertad, encontró la paz eterna" Debí tomar nota, es una frase que cala hondo. Todos buscamos libertad en las montañas. Y llegamos a sentirnos tan libres como esas aves que vuelan sobre nuestras cabezas.

Valle de Belagua

Cruzamos el arroyo que ahora corre saltando formando un pequeño barranco que quizás algún día llegue a ser una profunda garganta. Pasarán muchos años para que esto ocurra y este pensamiento me hace ver lo fugaz de nuestra existencia.

Aparecen los pinos, y el sotobosque se llena de helechos y zarzamoras. La mayor parte de nosotros no resiste la tentación y aquí estamos, ramoneando el zarzal, buscando sus bayas negras y coreando lo deliciosas que están.

Acaba el bosque y las praderas se abren en la llanura del valle. Inmersa en mis pensamientos hemos llegado al lugar donde termina nuestro caminar. Está oscureciendo. Mañana será una ruta más larga. Promete ser hermosa. Volvemos a Isaba donde la noche da al pueblo un aire embrujado. Calles solitarias, casas oscuras, y flores cubiertas de sombras. Mañana será un buen día.

Azafrán silvestre (Cólquico)

Octubre 2.005

M.R.B.M.

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