Garganta de Holzarte

Garganta de Holzarte. El puente colgante casi imperceptible. 150 metros de caída

Aprovechando nuestra estancia en el Pirineo Navarro hacemos una incursión en el país vecino para visitar una espectacular garganta, la de Holzarte.

Lo más popular de esta garganta es el puente colgante. La gente a propósito ausentarse del trabajo o de juego de casino en línea (http://www.casino.com/es/) para venir a ver esta maravillosa pieza de ingeniería. No es lo que a mi me llama más la atención. Tengo que reconocer mi atracción por todo lo que es natural y este puente, aunque espectacular rompe la virginidad del paisaje. Pero ya os hablaré de él más adelante.

Colores otoñales en la Selva de Irati

Comencemos esta mañana de otoño, cuando nos encaminamos a la frontera francesa, con un cielo encapotado que nos hace dudar de las vistas que podremos contemplar.

La aproximación al punto de comienzo es una travesía en autocar en la que no puedo dejar de mirar mi entorno. Cruzamos la Selva de Irati.

Hace solo tres días que estamos en la zona y es increíble el cambio que ha tomado el bosque. Lo que el primer día era verde con algunas manchas amarillas, hoy está intensamente iluminado de ocres y rojos mezclados con los verdes más retrasados.

Ha sido como si la naturaleza me quisiera regalar este espectáculo, esta transformación que dudaba que pudiera contemplar.

Praderas y Montes Pirineos

Arriba las nubes grises sobre las cumbres, abajo los profundos valles iluminados. El autocar se desliza a duras penas por una buena carretera, aunque apenas cabe a causa de las estrechas curvas y su envergadura.

Llegamos al Puerto de Larrau desde donde aparece la vertiente francesa. No puedo creer lo que veo. Las nubes se han ido, aquí luce el sol y el cielo está limpio. La imágenes son preciosas. Atrás quedan los bosques tupidos de hayas, ahora son praderas suaves, aterciopeladas donde pasta el ganado. No hay picos recortados, son praderías pardas y verdes, alguna casa blanca y roja diseminada y profundas hondonadas.

Senda al poco de cruzar el puente colgante

No muy lejos del puerto, bajo la mirada del Orhi, se abre un valle en donde se encuentra el pueblo de Larrau. Continuamos hasta el caserío de Logibar donde un albergue nos ofrece lo más necesario, bar, mesas en la terraza, servicios... Dejamos para el regreso semejantes comodidades y nos disponemos a afrontar la ruta.

Comenzamos subiendo sin excesiva pendiente. Es un sendero que poco a poco remonta la ladera hasta llegar a un punto en el que el puente se divisa a lo lejos.

Pasarela de Holzarte

La garganta de Holzarte se hace patente. Es profunda, rocosa y estrecha. La pasarela colgante, de traviesas de madera, se construyó para facilitar el trabajo de los forestales de la zona. Su longitud es de 70 metros con un desnivel de 150. Está suspendida en un abismo de paredes calizas donde las hayas buscan acomodo en cualquier resquicio que le permita arraigar. Es un puente sólido, desde el que las imágenes de la garganta son espectaculares. También es grande la expectación , los comentarios, las fotos, el descanso a la vista del profundo desfiladero.

Bosque de hayas

Reanudamos la marcha por un camino que sube de nuevo con bastante pendiente al comienzo y que poco a poco se vuelve más suave.

Llega un momento en que se abre una pista llana en donde caminar es una delicia. El hayedo es tupido, el suelo húmedo, y el sol se cuela por entre las ramas del bosque.

Caminamos junto a otra garganta, la de Olhadübi. Por ella corre un río ruidoso. Un torrente lleno de saltos que apenas vemos ocultos por el bosque.

Los arroyos cruzan la pista y en un momento en que no distinguimos si el ruido proviene de la arboleda o del río, descubrimos una cascada alta y esbelta que se despeña hasta el fondo del barranco.

Garganta de Olhadübi

El grupo se va estirando. Cada uno camina según su ritmo. Yo me encuentro en medio de ellos, caminado sola.

Disfruto del silencio. Escucho el silencio y me doy cuenta que no hay silencio. El viento mueve las ramas de las hayas y pienso que no es cierto que las plantas no tengan voz.

Ese ruido de frotar de hojas es como si me hablaran. Me cuentan la vida del bosque. Escucho trinar de pájaros y en mi soledad disfruto de la mejor compañía.

Laderas de la garganta de Olhadübi

En un recodo del camino comenzamos a bajar. Hay un torrente impetuoso en donde los más adelantados ya han tomado posesión de un lugar donde reponer fuerzas.

Comemos en las piedras junto a los saltos de agua. Al fondo la garganta, los montes que la cierran, el musgo en las piedras, la espuma del agua, su murmullo...

De nuevo en marcha comienza otra subida. Ahora es una ladera de alta hierba, libre de árboles. Al frente el hayedo que acabamos de pasar. A nuestra derecha un roquedo calizo que pronto superamos para quedar abiertos al viento que sopla bastante fuerte.

La pendiente de la ladera es muy pronunciada. El sendero sube casi llaneando. No parece muy apto para personas que sufran vértigo. Hay momentos en que está al límite del desnivel. La inclinación y el viento nos hacen pensar en una posible caída. No me preocupa. No me afectan las inclinaciones siempre que no tenga que subirlas...

Sin nombre...

Esto es precioso. La hierba está casi tendida a fuerza de ser azotada por el viento. Debe ser habitual por estos lugares. En un rincón escondido mana un chorro de agua fresca oculta en una roca cubierta de hierba y musgo.

El sendero se vuelve más inclinado y sube con más pendiente. Por fin arriba. Estamos en el Plateau d'Ardakotxea. El viento es aún más fuerte.

Atravesamos la llanura desde donde las vistas son impresionantes, y comenzamos a entrar de nuevo en un bosque precioso. Aquí son los acebos los primeros árboles que encontramos. Se mezclan con las hayas que de nuevo forman un tupido bosque. El tamaño que alcanzan es considerable. Deben ser muy antiguas por el porte de sus troncos. Están cubiertos de verde musgo. La humedad es muy patente en este bosque. Algo nos llama la atención. Es un tronco de haya caído, como una flor abierta. Un espectáculo para la vista.

Preciosa

omienza una fuerte bajada donde los castaños sustituyen a las hayas. El suelo está cubierto de erizos, algunos abiertos con los frutos esparcidos por todas partes. El camino no es muy ancho y serpentea entre helechos. La bajada es muy fuerte, pero no es mi punto débil, por lo que disfruto enormemente con la gran variedad de plantas que crecen en sus orillas. Hay margaritas enormes, campanillas moradas, y una planta muy vistosa de ancha hoja de verde intenso moteada de colores cremas.

Al final del bosque se abre un lugar idílico. Es una loma tapizada de helechos que con el otoño se han vuelto dorados.

El sendero estrecho se abre entre ellos casi imperceptible. Al fondo la garganta y mucho más lejos Larrau.

A la izquierda el bosque, a la derecha laderas suaves, ocres de helechos y verdes de pastos. Casas diseminadas y montañas redondeadas.

Valle de Larrau

 

Pronto el camino se inclina tanto que han hecho escaleras de tablas para poder bajarlo. De nuevo el bosque se cierra y sin darnos casi cuenta estamos en el embalse donde comenzamos a caminar esta mañana. Ahora es el momento de visitar el albergue, sentarse en la terraza contemplando tanta belleza junto a un vaso de fresca cerveza. Por días así merece la pena vivir.

Puente colgante

 

Octubre, 2.005

 

M.R.B.M.