Subida al Monte Ulanz o Dulantz

Hayedo

No siempre me ocurre como en este día. Suelo saber más o menos donde se ubica la ruta que voy a realizar. Pero hoy ha sido una sorpresa. Esperaba que mis dos días en Navarra transcurrieran en la sierra de Urbasa. Sin embargo el segundo me dejo llevar a los límites de esta sierra con su vecina Andía.

Precioso...

Creo que están bastante unidas, de hecho se habla de Urbasa-Andía como de un unidad, o al menos es esa mi impresión.

La única referencia que tengo de la ubicación de este magnifico lugar es que nuestra ruta comienza en la Venta Zumbelt.

Pues primera pregunta sin respuesta. ¿Que es la Venta Zumbelt? (perdón por mi estado absorto, no pregunté en donde me encontraba...)

Llegamos a un lugar en donde no había ninguna venta... solo una valla que tenemos que saltar para comenzar a caminar por una pradera en donde abunda el trébol. Y ¡que trébol! verde, frondoso, y tres tréboles tres, como los toros de Las Ventas (en este caso de Madrid y bien localizadas), tres tréboles de cuatro hojas que encontramos a primera vista. Podría decir que fue la ruta de las sorpresas...

Hayedo

Atravesamos la pradera y comenzamos a subir por un marcado camino que nos lleva a través de un hayedo. Si el de Urbasa aún no tenía colorido otoñal, este está casi vestido de invierno. Apenas quedan hojas en sus ramas. Ha sido un verano muy extremo y en todas partes ha hecho daño. Las hayas, delicadas ellas, requieren ese grado de humedad y temperatura que las haga lucir colores maravillosos. Pero mucho me temo que este año, la mayor parte de ellas no lo hayan tenido. Y aquí están caídas en el suelo, secas, o verdes en el árbol, con solo algunas que amarillean resistiendo las inclemencias de los calores veraniegos. Algunas zonas dan un conjunto meloso, ocre, que nos hace desear que más adelante podamos disfrutarlo, pero no es así, están casi todas en el suelo.

Collado de Portandía

De todos modos un hayedo es siempre una gozada. Brazos abiertos que parecen querer alcanzarnos, verde musgo en los troncos y las rocas, y la alfombra crujiente que cobija alguna seta que busca el sol.

La humedad es fuerte. Barro en las botas y sudor por la subida. Y al final el colofón. El collado de Portandía. Una pradera verde y soleada donde respirar hondo.

Borda en Portandia

 

Tomamos a nuestra derecha por la marcada y pedregosa pista hasta llegar a una valla. Esta valla encierra uno de los lugares más bucólicos de la ruta. Una preciosa pradera salpicada de enebros rastreros, altas hayas otoñales y bajo ellas el toque mágico, la pequeña borda que parece salida de un cuento infantil.

Continuamos caminando siguiendo la indicación de una flecha de madera donde lo que me dijeron que era Ulanz aquí se convierte en Dulantz (será vasco)

Sierra de Andía

La subida es corta y suave. Es grupo se disgrega, y sin camino alguno nos apresuramos a llegar a la cumbre. Las vistas son magníficas. Frente a nosotros la Sierra de Urbasa, y a nuestra derecha una depresión cerrada por un farallón rocoso que me dicen que es la sierra de Andía. De allá abajo venimos nosotros, por lo que deduzco que ese valle profundo debe ser el Polje Zumbelt. (lo digo por lo de la venta... ???)

Comienzo de la subida a Ulanz

De regreso recreo la mirada en estos prados y enebros, en las hayas color miel y ¿por que no? en otras de troncos desnudos y blanquecinos que me anuncian el invierno.

Dolina

Atravesamos la valla y dejamos a un lado la borda para dirigirnos atravesando la colina hasta un lugar en donde pastan los caballos.

Segunda sorpresa del día. Entre los enebros aparecen dolinas, pequeñas torcas que, a pesar de que sé que son frecuentes en estos terrenos calizos, no esperaba encontrarlas, ni tan numerosas ni tan bonitas. No son grandes, sobretodo esta primera, pero a medida que avanzamos, se van haciendo mas o menos profundas y diversas.

Caballos al borde de una dolina

El borde de la torca suele ser rocoso, en este caso son grandes rocas redondeadas, recubiertas de musgo, como puestas ex profeso. A veces, las menos, no hay vegetación y son blancas, todas rocosas y el fondo pedregoso, sin la capa de hojarasca de las hayas.

Por el camino

En nuestro plácido paseo encontramos casi de todo. Caballos de peludas patas, ovejas lachas de cabeza negra y grandes lanas, y hasta setas enormes como cabezas (en manos de otros paseantes)

Musgo y caliza
 
Hayedo

Poco puedo decir que no exprese la imagen. No es un momento, es un constante caminar por crujir de hojas, blancas rocas y verdes musgos.

Llega un momento en que cambiamos de orientación bruscamente, ahora sin senda, comenzamos a bajar para emprender el regreso. Nos encaminamos al fondo del barranco.

Bajada.

Lo que en apariencia se presenta como una bajada lisa, resulta ser la tabla de un faquir. Son multitud de blancas lascas calizas que asoman afiladas entre tierra blanda recubierta de césped y hojarasca.

La inclinación es bastante considerable, lo que supone un esfuerzo para los menos acostumbrados. Debemos pisar y asgurarnos de que la piedra no está suelta o que el suelo no resbala.

Dolina

Al fondo, masas agrupadas de enebros en la rugosa y ondulada superficie nos indican que también ahí hay dolinas. De hecho, cerca del final de la bajada, una de estas torcas aparece llena de agua, con un color blanquecino, típico de estas formaciones. Hace calor, de ahí que esté blanca, es probable que a lo largo del invierno, si volviéramos a verla, su color fuera muy distinto y transparente.

Abandonamos el bosque

Por fin abajo, atravesamos otro hayedo, este aún verde y nos dirigimos a una gran pradera, por la que corre una pista que nos marca el camino.

Praderas cercanas a Bentaberri

El final de nuestra caminata lo marca Bentaberri, otro caserío junto a la carretera general, en este caso sin lugar a dudas.

¡¡¡BUENA SUERTE!!!

Noviembre 2.006

M.R.B.M.