Nacedero del Río Urederra (Navarra-Sierra de Urbasa)

Praderas al comienzo de la ruta.

Después de visitar lugares como el Bosque de Irati, la sierra de Abodi y otros de los que os he hablado, pensé que debía volver a Navarra, buscar rincones más o menos famosos, sin tener que arriesgarme a las altas cumbres de Pirineos, no por falta de ganas, sino porque para mi preparación física "son palabras mayores"

Uno de los lugares famosos de Navarra es la Sierra de Urbasa, y en ella el nacedero del Urederra.

Balcón de Pilatos o de Ubaba

Disponemos de apenas dos días, uno de ellos incluye nuestro regreso a Madrid, por lo que tenemos que aprovechar al máximo las horas. Y bien que las aprovechamos.

El primer día, partimos de Estella rumbo a Zudaire, y continuamos dirección a Isasua, para detenernos en el puerto de Urbasa. si bien la forma más común de visitar el nacedero del Urederra es comenzar en Bakedano, nosotros no lo hacemos así. Nos dirigimos al Puerto de Urbasa, y continuamos a pie por una preciosa paramera cubierta de césped y salpicada de hayas que están comenzado a cambiar sus tonalidades.

Balcón de Pilatos

Nuestro destino es el Balcón de Pilatos, Ubaba para los navarros. A esta pared rocosa, a saber por qué, los navarros la conocen como "La Pared del Capellán"

Se trata de un circo calizo, no glaciar, en cuyo fondo discurre del río Urederra, y que brota de él.

Como ya os he comentado en multitud de ocasiones, la caliza es una roca de origen sedimentario, resto de aquellos tiempos en donde el mar cubría gran parte de nuestra península. Es una roca fácilmente soluble con el agua, lo que le da formas caprichosas y permite que las corrientes formen pasadizos o hundimientos. Como en tantas otras ocasiones, nos encontramos con un farallón vertical, recortado, rugoso en donde los buitres encuentran su paraíso.

Valle del río Urederra

No tardamos mucho en llegar al borde del cortado, y desde él podemos contemplar amplia y relajadamente el valle por el que pasearemos pronto, y por donde corre el Urederra. Este río, subafluente del Ebro, no es largo en su recorrido, pero lo espectacular de su entorno y lo abrupto del suelo por donde discurre han hecho de él un punto casi obligado de visita.

Desde el balcón observamos a nuestra derecha un bosque de hayas que comienzan a teñirse de otoño. Entre ellas unos salientes de roca, a media ladera, que será por donde recorreremos el sendero y nos dirigiremos al nacedero.

Cerca del Puerto de Urbasa

Bordeamos la paramera que corona el balcón y nos adentramos en el bosque, primero por su parte alta, y más tarde, cortando sus laderas por senderillos marcados con hitos, atravesamos a veces el sombrío hayedo y otras la carretera que serpentea para subir al puerto, hasta llegar definitivamente a los cortados que vimos desde arriba, y en donde comienza la parte más salvaje del hayedo.

Ejemplar de seta junto al sendero

El camino es un estrecho sendero, pedregoso y resbaladizo, junto a las altas paredes, verticales, lisas, a veces combadas a modo de bóvedas, por donde las enredaderas se descuelgan buscando el suelo. A nuestra derecha las hayas ocultan el sol, refrescan el ambiente y permiten que la humedad de vida a musgos y setas.

Troncos de tejo y yedra

No es mucho el espacio que dejan las hayas a sus compañeros. Ellas se adueñan casi de todo. Sus hojas pardas alfombran el suelo, y son solo las rocas donde apenas se detienen, las que permiten al musgo vivir. Pero las paredes son otra cosa. Junto a ellas, un tejo se aferra a ella. Retorcidos troncos finos trepan por la roca y junto a ellos los tallos leñosos de una yedra buscan el cielo abierto.

El bosque

Caminando sobre resbaladizas piedras, hojarasca y musgo, llegamos a un lugar en donde los barrancos se hunden en el mullido suelo, la inclinación es mas fuerte y el murmullo del agua llega a nuestros oídos. Estamos muy próximos al nacedero.

Una de las pozas del Urederra, junto al nacedero.

Un camino aparece a nuestra derecha, después de superar un puente, y se une al nuestro. Ambos nos llevan al nacimiento, un rincón muy frecuentado, en donde casi hay que pedir permiso para acercarse a las pozas.

Está entre lisas piedras, bajo la Pared de Capellán. No sé realmente de donde brotan los dos brazos que forman el río. Tengo entendido que son dos cascadas diferentes que brotan de la pared. Pero de nuevo, la sequía se ríe de nosotros.

Pared del Capellán

Miro a la pared, vertical y alta, pero ninguna cascada brota de ella. Me comentan que el nacedero está más arriba. Por un senderillo a la derecha de la poza se sube a otra poza mayor, donde desemboca la cascada que forma el río.

Poza alta

Al comienzo no parece difícil, algo resbaladizo, pero más o menos aceptable. Desde aquí la caída del agua es mas hermosa entre musgos y maleza. Pero casi arriba, el sendero cambia y se encrespa. ya no es recomendable seguir. Es una tobera aérea, vacío al fondo, la poza a lo lejos, y una piedra escurridiza por donde hay que trepar para llegar al punto deseado.

El mal paso (compañeros más expertos)

Solo los más expertos o arriesgados pasan. Yo, cobarde, siento miedo al regreso y dejo que sean mis compañeros quienes vayan y me proporcionen la foto. No me habría importado trepar para subir, aunque lo habría hecho con dificultad. El peligro está en la vuelta. Apenas hay espacio de apoyo donde tendremos que saltar para volver, la piedra está muy húmeda y el vacío es considerable. Siento algo de preocupación por los que han cruzado, pero felizmente vuelven sin problemas.

Tobera

Abandonamos el lugar después de un descanso, y atravesamos el puente y nos volvemos a introducir en la penumbra del bosque. A nuestra derecha una enorme tobera, una cristalina poza, cubierta de hojarasca, y a la izquierda el río que se precipita en rápido descenso.

Una de las pozas del Urederra

Urederra (agua bonita en euskera) es el nombre dado a este cauce que realmente es eso, agua bonita. Al poco de abandonar el nacimiento, por un sendero igualmente escurridizo, protegido por cuerdas que evitan posibles caídas, nos deleitamos con un hayedo más luminoso, más abierto. El sendero discurre muy cercano al río, a veces pequeños arroyos se precipitan a él, y a veces debemos apartarnos a los miradores que nos muestran sus encantos.

Otra poza

Lo que más me llama la atención es el contraste de colorido. Si la primera que vimos junto a la tobera eran transparente, ahora nos sorprenden otras, blancas, verdes o azules, con apenas distancia entre ellas. Esta concretamente es la que se forma al desembocar la anterior por ese pequeño salto. Apenas un metro las separa, pero sus colores pasan del verde turquesa al azul intenso.

Bakedano

El resto del sendero es una bajada alternante entre bosque y pozas, que nos lleva a Bakedano. Atravesamos este pueblo y el paisaje cambia por completo. Ahora es una llanura, rodeada de los montes que acabamos de visitar, a lo lejos se prolongan las parameras y farallones de este semicírculo calizo. Junto a la pista por donde continuamos caminando, el río corre tranquilo, y en las praderas las vacas alimentan a sus terneros.

Valle del Urederra

En plácido paseo nos acercamos a Zudaire, cabecera del municipio de Amezckoa Baja. Un bonito caserío de típicas construcciones, en donde nos llama la atención los adornos de un portalón, grandes cardos secos, como soles de invierno.

Curiosa ornamentación en Zudaire

Solo ha habido un inconveniente en este precioso día, la escasez de agua en el nacimiento. Pero todo no es posible. Si queremos ver los colores otoñales, hemos de asumir que el estío ha hecho de las suyas y secado los manantiales que se esconden en la caliza. Eso es un aliciente para visitar de nuevo este paraíso en primavera. Seguro que las cascadas serán más abundantes y la vegetación no nos defraudara.

Octubre, 2.006

M.R.B.M.