Fuente del Cobre (nacimiento del río Pisuerga)

En lo más alto de la provincia de Palencia, allí donde se asoma Cantabria, en donde la cornisa rocosa se desliza hacia la meseta castellana, se esconde una roca caliza, en medio de un pastizal al que los robles y hayas no llegan.

Nacimiento del río Pisuerga

Es una masa pedregosa, hueca por la que un chorro de agua casi helada da origen al río Pisuerga.

Para empaparnos de su frescura, nos dirigimos a Santa María de Redondo, un enclave románico, un punto más en ese puzzle de iglesias encantadoras, sencillas que alfombran el norte de Palencia.

Comenzamos a caminar cuando termina la carretera asfaltada , muy cerca del arroyo de Lombatero, el que cruzamos por un puente.

Arroyo Lombatero

El arroyo es ancho, poco profundo, anaranjado por el residuo del mineral que subyace en la zona. No somos expertas en el tema de minería, pero a pesar de que nuestra información nos dice que es el carbón el mineral que se extrae en este lugar, pensamos que debe haber hierro debido al color de las aguas.

Comienzo de la ruta

A nuestra derecha, coronando una pradera, aparecen dos moles erguidas que nos atraen con fuerza. ¿Serán las que llaman el Cascajal del Oso?

No nos detenemos. Caminamos decididas por la cómoda pista que nos va introduciendo en un paraje oscuro, por donde el Pisuerga corre entre escombreras de piedras negras, a las que parece que quisiera devorar la exuberante vegetación que las rodea.

Atravesamos el río y no tardamos mucho en dejar atrás el vestigio de las explotaciones y poder olvidarnos del mundo civilizado. Comenzamos a subir de forma cómoda, volviendo la vista para contemplar mejor el Valle de Redondos, que ahora comienza y que será el que nos lleve a la cueva.

Valle de Redondos

La cuerda donde se eleva el Curavacas, la más alta de las montañas palentinas, algo más de 2.500 metros de altitud, aparece a nuestra espalda. Está lejos, allá al fondo, tan lejana como nuestro sueño de subir a su cumbre, y la miro una y otra vez, presidiendo este valle verde, por el que camino perdida en mis pensamientos.

Pradera en el Valle de Redondos

El Pisuerga corre a mi derecha escondido entre arboleda. Al fondo aparecen farallones pedregosos del Valle de Redondos, los de nombre ignorado, y siento que algo se revuelve en mi interior por no ser capaz de conocer como han sido bautizados por las gentes del lugar.

Casi sin poder ver el río oculto en la maleza, llegamos hasta un punto en donde aparece una bifurcación y una pista a nuestra derecha se dirige a una pradera y una explotación ganadera.

En cómodo caminar alcanzamos un arroyo que baja a nuestra izquierda. Es el arroyo de Peñalba, cristalino y fresco, atravesado por un desvencijado puente que no necesitamos utilizar debido al poco caudal que nos permite vadearlo por unas piedras.

En unos minutos alcanzamos otro cruce de caminos. Tomamos el que baja que nos llevará junto al río hasta la cueva. A partir de aquí comienza una hermosa caminata por el bosque de robles, avellanos, acebos...

Peña de la Cueva

La vegetación es cada vez más exuberante. Hay dedaleras, eléboros, rosales y retamas... Parece que aquellas matas de hojas puntiagudas, brillantes, como margaritas de verdes y oscuras hojas pudieran ser rododendros... No me atrevo a asegurarlo y de nuevo mi ignorancia que hace daño. Camino en silencio, evitando la maleza que parece empeñarse en tropezar con mi cabeza.

El río ahora es salvaje, bajo una bóveda de ramas entrelazadas de un bosque de hayas, corre y salta sobre las redondeadas piedras en donde el musgo es el dueño.

De vez en cuando aparecen claros que dejan ver las praderas donde pasta el ganado, coronadas por esa piedra enorme, como el lomo de un animal extraño que está llamando mi atención toda la jornada.

Cueva de la Fuente del Cobre

Cruzamos el río un par de veces por las piedras musgosas, y continuamos por el sendero que cada vez es más estrecho, a veces llega a perderse entre las piedras por las que tenemos que ascender hasta encontrarlo de nuevo.

En un momento, casi por sorpresa, todo esta profusión de verdor aparece bajo nosotros y una masa caliza se dibuja al frente. Es nuestra meta, la roca blanca que esconde la cueva. Aprieto el paso deseando llegar a ese punto negro que me dice que es donde aflora el río. La cueva es un agujero negro, frío, que se ensancha para dar paso a una cavidad en donde se oye el agua correr bajo las piedras que forman el suelo.

No nos atrevemos a entrar dentro. El suelo resbala, y hace frío. Está oscuro y no estamos preparadas para estos menesteres, ya lo harán los espeleólogos.

Farallón rocoso tras el que se esconde la cuerda de Peña Labra

Salimos de nuevo al sol y nos dirigimos al chorro que cae con fuerza. El agua está fría, muy fría, deliciosa. En este punto donde aflora no es realmente donde nace el Pisuerga. Lo hace más arriba, en uan serie de pequeños arroyos que se filtran en un sumidero, el Sel de la Fuente, para aparecer de nuevo ya como un verdadero río.

Nos separamos unos metros para descansar y reponer fuerzas. No nos va a durar mucho. Comienzan a aparecer algunas nubes que no nos gustan. Decidimos volver, nos da pena abandonar este lugar, pero esa nube que se está formando no tiene cara de querernos dejar en paz. Tomamos un sendero distinto. Sale casi desde la cueva, junto al que hemos traído, y se dirige al valle a media ladera.

Cuerda de Peña labra

Si la subida fue una delicia de imágenes hermosas, el regreso no le va a la zaga. Comienza de nuevo entre la espesura de robles y retamas, acebos y avellanos, entre ramas que se entrecruzan y enredan dificultando el paso, a veces tenemos que encorvarnos para poder pasar bajo ellas, a veces enredan el macuto. Es como si no quisieran que nos mancháramos.

Por fin se abre algo la espesura y comienzan las vistas más hermosas del día. Al fondo el Valle de Redondos, con el río profundo, parece imposible que esté tan abajo. Al frente la mole que tanto me intriga.

A la derecha aparece una enorme mole de rocas escarpadas. La retama inunda la ladera, y al cabo de un rato es una pradería amplia, mullida la que nos conduce hasta la vista de la cuerda de Peña Labra.

Poco a poco, tras la masa de rocas comienzan las altas cumbres. El cortado que vemos a lo lejos podría ser el Pico Tres Mares, rematando la linea..

Pico Tres mares

El momento es espectacular. Las nubes que habían comenzado a aparecer se van formando a media ladera. suben hacia las cumbres, como queriendo demostrar su destreza y lo fácil que les resulta aquello que para nosotros es un reto casi imposible.

Se mueven ágiles, cubren los picos, los envuelven en manto blanco y nos hacen apretar el paso que, por otra parte, quisiera detenerse y no abandonar este lugar.

Casi al límite de la pradera nos detenemos un momento. Es difícil alejarse de aquí. Pero ellas siguen aumentando, siguen cubriendo cada vez más las cimas, blancas como algodones, con alguna que otra que toma color gris. Estas son las peligrosas, las que pueden traernos tormentas. Estamos bastante arriba. No es conveniente una tormenta en esta altura, y decidimos bajar.

Bajada por el robledal

Nos introducimos en un bosque de robles, altos, relucientes. Troncos huecos que nos recuerdan los cuentos de hadas de nuestra niñez. Parece que en aquel se escondiera la casa de los duendes, y en aquel otro la de las hadas...

La bajada es muy cómoda, una pista ancha, de buen firme, entre los robles, ya sin sol que nos haga sofocante el caminar. De vez en cuando algunas gotas de lluvia nos anuncian que la tarde va a ser húmeda. En un momento, la pista hace un recodo y entre los árboles aparece de nuevo el pico que tanto me intriga. ¿Llegaré algún día a saber su nombre? Allí está como un desafío.

Al cabo de un rato dejamos el bosque cuando la pista se reúne con la que tomamos por la mañana, la que nos llevó junto al río hasta la cueva. De nuevo encontramos el arroyo Peñalba. Hacemos un alto, para seguir disfrutando del lugar, escuchado correr el agua... desafiando las nubes... Por fin decidimos continuar y dirigirnos al punto de partida. La imagen de la cuerda del Curavacas, al fondo del valle, está preciosa, cubierta de nubes que no son tan bajas como para tapar las cumbres.

Valle de Redondos

 

Allá a lo lejos, bajo las montañas, entre las verdes laderas, una espadaña sobresale de entre las copas indicando donde se encuentra Santa María de Redondos. Es el fin de nuestra ruta. A medida que nos acercamos se esconde entre la espesura, y después de atravesar otra vez los arroyuelos anaranjados que vienen al Pisuerga llegamos a la pradera del arroyo Lombatero.

Una vez más nos ha acompañado la buena suerte. Nada más comenzar el regreso en coche, se desencadena una poderosa tormenta, llueve con fuerza, y celebramos haber apurado hasta el último minuto nuestro tiempo en este precioso lugar.

Junio 2.005

 

IMPORTANTE ACLARACIÓN

Como mis conocimientos de la Montaña Palentina son muy escasos, solo los de una visitante y admiradora, os transcribo lo que dice el señor Diez Riol, mucho más conocedor de este lugar, y según me han comentado, un experto en estos temas palentinos.
Lo que os transcribo está sacado de esta página

http://www.curavacas.es/

en su apartado de foros

http://miarroba.com/foros/ver.php?foroid=317689&temaid=4788917

Espero que os sea útil

(…) Vamos al tema. Sé perfectamente que la gente conoce esa Cueva, origen de una corriente de agua y considerada como nacimiento del Pisuerga, con el nombre del CUEVA DEL COBRE. A mi particularmente no me gusta el nombre y voy a decir por qué.
Porque en todo caso nadie la relaciona con el significado correcto de ese nombre.
COBRE que en lenguaje antiguo significa "REATA DE BESTIAS". Hay alguien que le relacione con ello y no con ¿el COBRE metal? de ahí que yo haya defendido otro vocablo, también castellano antiguo, también relacionado con el ganado, COBLE.
sin confusión alguna ese término es manifiestamente mejor que lo de COBRE. El caso es que ese nombre, existente en diccionarios de siglo XIX, con el paso del tiempo ha desaparecido, al mismo tiempo el término COBRE referido a ganadería también ha desaparecido en beneficio del significado metal.

Añadir que la Cueva, en los alrededores, en el Valle de los Redondos, no hay nada de cobre, o al menos nunca se explotado algo. La mina de cobre que existió, ya desaparecida, es la contigua al antiguo molino del Esgobio, desalojado por el pantano de Requejada. La mina llamada de Carracedo, que he tenido la ¿fortuna? de conocer funcionando y que fue cerrada en los años 60. Una buena historia que podía contar mi amigo Paco, (Francisco Pérez de Cossío) que fue administrativo de la misma hasta que se cerró. La mayoría de sus trabajadores eran de Polentinos, que se ganaban la vida yendo y viniendo a pie todos los días, algo inconcebible en los tiempos actuales.
Lo que sí había cerca de la Cueva de COBRE/COBLE fueron unas explotaciones de zinc, de las cuales pueden apreciarse todavía restos. De su importancia puedo decir que eran tan pobres que el mineral era transportado por burros y creo que aún quedan recuerdos en Santa María de Redondo.

En fin, a ver si consigo encontrar el diccionario ese del siglo XIX y completo la información sobre este tema. De paso considerar que será difícil reconducir un nombre ya generalmente aceptado, incluso por denominaciones oficiales como es la de PARQUE DE FUENTES CARRIONAS Y FUENTE COBRE.
(…)

ese término de "Coble", me veo obligado a buscar un diccionario del siglo XIX, "andeandará" para poner con precisión su significado. El de "Cobre", dispongo de él en la enciclopedia Durban, en su diccionario dice exactamente:"ant.Recua o reata de bestias". Es uno de sus significados, el que nos interesa.

Donde estás confuso es en lo de los ganados y su estancia en la Cueva. Se puede ver perfectamente los restos de material orgánico existente en la primera sala. Te explico porque ahora no están dentro los ganados, aunque antiguamente lo hicieran, y yo mismo en la primeras visitas a la cueva he tenido que abrirme paso entre un montón de vacas.

La raza actual de las vacas. La antigua raza TUDANCA, muy sobria y muy montaraz buscaba la cueva para refugiarse los días de calor. Pero es que eran casi como cabras, y la entrada es bastante rocosa.

Las de ahora, que las han sustituido por completo, son las conocidas en la zona como PARDO-ALPINAS o suizas, provenientes de ese país, mediante la inseminación artificial, mucho más delicadas en todo.

Piensa que la Tudanca, era un animal que se usaba para el trabajo de campo, arrastrando el arado romano y los carros y todo eso ha desaparecido prácticamente. Mixtas totalmente. Trabajo, leche y carne.

 

M.R.B.M.