Oporto
El núcleo antiguo de la ciudad de Oporto se caracteriza por una amalgama de calles que nos van contando su historia sin palabras. En ellas encontramos mezclas de todas las épocas. Sobre estas líneas las casas típicas de principios del siglo pasado, ventanas cuadrangulares de hierro o madera, coloristas y adornadas la mayor parte de las veces de hermosas rejas de hierro forjado que forman un auténtico encaje de filigrana en donde las flores cuelgan dando un punto de alegre colorido.

La historia de Oporto se remonta a épocas romanas, época en que tuvo origen la muralla que rodea la ciudad, aunque fue reconstruida y retrazada posteriormente en los siglos XII al XIV. Pero sus primeros habitantes debemos buscarlos allá por la Edad de Bronce, aunque realmente, la importancia de la ciudad de Oporto se produce entre los siglos XIII y XV, cuando alcanza un fuerte apogeo en el ámbito marítimo.

 

Estatua del Infante D. Henrique el Navegante, de quien Oporto se siente muy orgullosa.

 

Fue a finales del siglo XIV cuando nació en esta ciudad el Infante D. Henrique el Navegante, que como su sobrenombre indica, consagró su vida a la exploración de las costas, principalmente las africanas.

La vida de Portugal está muy ligada al mar, obviamente, por su situación geográfica. Henrique el Navegante contribuyó enormemente a ello. Es notable su dedicación a la vida marinera orientada a los viajes de exploración y descubrimientos. Fue en esta época cuando fueron descubiertas las islas Azores, Madeiras y otros lugares de la costa africana.

Influyó en esta decisión el hecho de ser el tercero en la línea sucesoria , por lo que su aspiración al trono quedaba lejos. Al ser Gran Maestre de la Orden de Cristo, antes Templarios, dedicó sus esfuerzos a combatir a los árabes y evangelizar a los infieles. En esta época, apoyándose en bulas concedidas por los Papas en las que se permitía hacerles la guerra, incluso reducirlos a la esclavitud, llegaron a mezclarse las más contradictorias ideas, tales como llegar a pensar que un africano que había sido inhumanamente esclavizado, por el hecho de convertirse al cristianismo pudiera ser devuelto a África con la pretensión que evangelizara a su pueblo.
Embarcadero en el río Douro. Al fondo la iglesia de San Nicolás.
No es mi pretensión analizar la historia, pero creo que quienes tengan interés en ella, pueden encontrar en estos tiempos amplio tema de debate. En estos años se mezclan los ideales tan altos como el honor, el deseo de evangelización, la proliferación de esforzados navegantes y el hecho de la trata de esclavos común a todos los países. La vida en estos siglos era marcadamente religiosa. De ahí la gran proliferación de iglesias en la ciudad.
Cais das Pedras y la Iglesia de Massarelos al fondo
Uno de los atractivos de Oporto son sus cruceros por el Río Douro. Son dos colinas las que se inclinan cubiertas de edificios escalonados para mirarse en el río.
La zona limítrofe con las riberas se llenaron de casas de pescadores y otros oficios relacionados con ellos. Tienen un marcado acento marinero. Se agrupan en manzanas diferentes unas de otras en las que el punto más atrayente es el color de sus fachadas. Las orillas del río se han reforzado con diques de hormigón. Por lo que el río no tiene esas hermosas playitas o acantilados que le adornan cuando corre a sus anchas. Aquí, como en casi todas las grandes ciudades, principalmente industriales, le han encajonado, aprisionado, reducido a la esclavitud de unas paredes que le someten al servicio de los habitantes de la ciudad.
Cercano a la parte más céntrica del casco antiguo, se encuentra el muelle fluvial en donde varan los barquitos de madera, alargados, adaptados a la navegación por río, en los que aún podemos ver cargas de toneles, la otra gran industria de Oporto y que le ha dado fama mundial, el Vinho do Porto. Desde este pequeño embarcadero nos disponemos ha realizar un minicrucero por las aguas profundas del Douro.
Como podéis apreciar, las casas llegan hasta el último límite aprovechable. Se escalonan, se apiñan, cada una diferente. Son encantadoras. Ventanas muy marineras, con cristales en cuadriculas, cada casa de un tamaño, cada casa de un color, cada casa a una altura, según la necesidad, el capricho o la conveniencia de su dueño. Parecen las siluetas de una multitud que avanza y lucha por no caer al río.
Oporto es una ciudad un tanto peculiar. Se extiende por la margen derecha del río, se pega a él, aprovecha cada rincón posible, mientras que la margen izquierda está ocupada por otra ciudad, Vilanova de Gaia, lugar en donde se concentran las famosas bodegas y destilerías del afamado vino. El contraste entre una y otra es muy fuerte. En esta última, aunque sigue habiendo un buen número de viviendas, no se apelotonan como en Oporto. Son más bajas, más dispersas, y entre ellas aparecen manchas verdes de naturaleza.
Ponte do Freixo

Algo característico de Oporto son sus puentes. A lo largo del río se suceden uno tras otro para unir las dos ciudades, cada uno con su estilo propio acorde con la época en que se construyeron.

Ya casi en las afueras de Oporto encontramos el último o primero de los puentes, según vayamos o vengamos. Se trata del Puente do Freixo. Puede que este sea el menos espectacular de todos, tiene un marcado aspecto funcional.

Ponte Sao Joao
Siguiendo la zona que presenta un aspecto más industrializado, nos encontramos con otro puente, también muy moderno, se inauguró en 1.991. Se trata del Puente de San Juan. Al igual que el anterior sus formas son muy sobrias y funcionales.
Ponte María Pía
Pero podríamos decir que las joyas de los puentes del Duero las encontramos en el de María Pía y el de D. Luis. Esto se debe a su estructura metálica y sobre todo al artífice del primero, Gustavo Eiffel. Esta obra está considerada como la primera gran obra de este arquitecto. Fue inaugurado en 1877 y se utilizó hasta la apertura del de Sao Joao.
Ponte del Infante
Al puente de la reina María Pía, le sigue el del Infante Henrique el Navegante, del que ya os he hablado anteriormente. En nada se parece este a los otros, su construcción en hormigón es elegante y aérea, en contraste con la filigrana de los que le rodean.
Ponte D. Luis
Y este es el famoso Puente de Don Luis. No fue realizado por Eiffel como el de María Pía, sino por Teófilo Seyrig, un ingeniero socio de Eiffel que colaboró con él en la construcción del anterior. Fue inaugurado en 1886. Como el de María Pía, es una filigrana de hierro. Sobre él circula el Metro de Oporto, y las bases donde apoyan los extremos de su arco están unidas por otro carril que comunica las dos orillas, por tanto es un puente doble.
Puente de Luis I, o de Don Luis
Sobre el Puente de D. Luis podemos observar la imagen del vagón del moderno Metropolitano de Oporto.
Ponte da Arrabida
Y por último el Puente de Arrabida, el más cercano al mar. Es una silueta más común, su forma arqueada es más tradicional, mientras que al pasar bajo el nos sorprende una filigrana en su arco que le hace diferente al resto.
Puente de Don Luis atravesado por el Metro
Pero no todo en Oporto son los puentes y la vida marinera. Caminar por sus calles es hacer una lectura de su historia. Buena muestra de la nobleza que habitó en ella es este escudo que adorna la esquina de una de sus casas señoriales.
Calle del Carmen
Calle San Felipe Nery
Iglesia y torre de los Clérigos
Uno de los rincones más visitados, y probablemente uno de los más bonitos es la zona que rodea a la Iglesia de Los Clérigos. Su torre destaca del resto de los edificios que la rodean. De estilo barroco, produce tal atractivo que es imposible mirar a los edificios colindantes, como podría ser la iglesia, igualmente barroca. Desde la parte superior, después de haber subido los 225 escalones que nos permiten superar sus 70 metros de altura, las vistas de la ciudad son magnificas. Sea por el motivo que fuere, esta torre se ha convertido en el símbolo de Oporto.
Iglesia y torre de los Clérigos
Hoy es Nochevieja. Todo esta lleno de luces y la torre no ha de ser menos. De sus muros cuelgan lucecitas que al anochecer serán la alegría de las fiestas. Ahora son puntitos brillantes en el gris de las piedras. Y como tantas veces, lamento pasar los lugares que me gustan tan a prisa que me queda el sabor de la miel en los labios y el deseo de volver con tiempo suficiente para empaparme de todos sus detalles.
Calle de los Carmelitas, y fachada de la librería Lello & Irmao
Frente a la torre de los Clérigos encontramos una joyita blanca, orgullo de la ciudad. La librería Lello & Irmao. Esta librería fue fundada a últimos del siglo XIX, y a comienzos del XX se construyó este edificio de características góticas con una fuerte influencia de las casas británicas. Mi impresión a primera vista ( que me perdonen los "triperos") es la de un mausoleo grandilocuente en un cementerio de alcurnia y grandes hombres.

No quiero con esto quitar importancia al edificio, ni mermar su belleza, es simplemente mi primera impresión. Su fachada blanca, recortada en pináculos y filigranas me recuerda eso, sin más pretensión. Pero es hermosa, realmente hermosa.

Una vez en su interior sientes que te transporta en el tiempo. Es una profusión de maderas talladas, colorido y filigrana que recuerda las películas ambientadas en otros tiempos. Quizás en mi caso solo puedo relacionar con películas este tipo de construcciones, los más afortunados puede que las hayan vivido de cerca, heredadas de sus antepasados.

<----- Artesonado en la liberaría Lello & Irmao
Madera tallada en las paredes de la librería Lello & Irmao
De hecho, es en esta librería donde se han rodado escenas del tan conocido Harry Potter. Realmente, podéis creerme, estar en ella te transporta a otros mundos pasados.
Interior de la librería Lello & Irmao

Solo pondría dos inconvenientes a mi visita a la librería. Uno, la gran afluencia de público, solo en mi grupo íbamos unas cincuenta personas, que pululábamos de un lado a otro boquiabiertos, queriendo empaparnos de todo y sin ver realmente casi nada. Otro, la escasez de tiempo. Y de nuevo vuelvo a soñar con un día en el que pueda visitar la ciudad, sola o con alguna compañía amiga, sin prisas, sin tumultos, pudiendo repasar en calma las estanterías repletas de libros que reflejan los colores irisados de las vidrieras de paredes y techos.

Como última anécdota de este lugar, observar el suelo. El parquet esta atravesado por una estrecha vía. Por ella circula, o circulaba, un vagón que recorría la librería.

Plaza de Gomes Teixeira
Abandonamos la librería y atravesamos la plaza de Gomes Teixeira para dirigirnos a otro de los lugares emblemáticos de Oporto, las iglesias de Los Carmelitas.
Iglesias del Carmen y de los Carmelitas
Es un edificio un tanto peculiar. Dos iglesias unidas, una antiguo convento de los Carmelitas, construida en el siglo XVII de estilo barroco, algo más sencilla que la que se une a ella.
Fachada de las iglesias de los Carmelitas y del Carmen
En el siglo XVIII se construyó una segunda iglesia, unida a la anterior, la del Carmen que según cuentan, se debió al deseo de separar la aristocracia de la plebe, de ahí que se les llamen a una la de los ricos y a otra la de los pobres. Esta última, la del Carmen, mucho más recargada, de un marcado estilo rococó, muy común en Oporto, en donde la mayor parte de las construcciones son de estos dos estilos, barroco y rococó. En sus laterales encontramos algo también muy común a esta ciudad, los azulejos. Todos los azulejos son del siglo XIX por lo que debieron ponerse en ella posteriormente a su construcción. Son los clásicos azulejos del norte de Portugal, azules y blancos, preciosos, que nos cuentan historias sin palabras en sus dibujos .
Comercio típico
Toda esta zona se sitúa muy cerca de la plaza da Cordoaria. El día de mi visita cubría su pavimento con cacharros en venta. Es un mercadillo popular en donde la gente vende lo que no desea o no puede conservar. Es una especie de rastrillo popular, muy práctico desde mi punto de vista. En él cada uno consigue su objetivo, deshacerse de lo que no quiere, y comprar lo que necesita a buen precio. En sus alrededores encontramos casas muy típicas, y comercios como este que os muestro.
Realmente Oporto me ha dejado una sensación de nostalgia, de vivencia de algo pasado y perdido que ellos conservan. Sus casas antiguas, fachadas de cemento y azulejos muy distintas a las que estoy acostumbrada a ver, sus tiendas de principios del siglo pasado, tan parecidas a las que visitaba en mi infancia, y esos balcones en los que la ropa tendida nos da una idea de como es el interior de las casas.
Pasear por sus calles es vivir constantemente una sorpresa. Rincones hermosos, azulejos, rejas de exquisita filigrana, colorido... y a veces el contrapunto de una casa medio caída, ruinas y abandono junto a la señorial y conservada.
Plaza de Ribeira
Este contraste está muy marcado en la zona cercana al río, la más antigua, la más rancia y con más "solera" . Las calles que rodean la plaza de Ribeira son una buena muestra de lo que os cuento. Mezclan bares marineros, terrazas preparadas para turistas y tiendecillas con reclamos de souvenirs con casas abandonadas, en las que no es extraño encontrar muñecas de tamaño natural pendiendo de la reja del balcón como si quisieran arrojarse de él, o simplemente permanecer sentada en su filigrana.
Museo de Historia Natural
Cuando nos retiramos de estos rincones portuarios, aparecen edificios de últimos del siglo XIX o principios del siglo XX o al menos a mi me lo perecen, como puede ser este museo de Historia Natural. No muy lejos encontramos el edificio de la Bolsa, ubicado en el antiguo convento de San Francisco, cuya iglesia esta unida a él. Este iglesia fue cerrada por mandato del obispo. El motivo fue la exagerada ornamentación en la que se emplearon más de mil kilos de oro, lo que estaba en clara contradicción con la doctrina de la iglesia. No puedo mostraros fotos, mi paso por la Bolsa o bien fue en un momento en el que no pude detenerme o era noche cerrada. Pero no dejaré de volver y resarcirme de tanta prisa...
Estación
La Estación de Sao Bento es otro lugar emblemático. Su recinto está recubierto de los típicos azulejos que tanto abundan en Oporto. Es un edificio luminoso, con amplio vestíbulo en donde la vista se pierde entre brillos azules y blancos.

Catedral de Oporto

Pero sería injusto no valorar a la Catedral como se merece, por lo tanto no olvidemos que fue en la Sé donde comenzó la vida de Porto. Sobre la colina donde se asienta, parece que se inició la vida humana en este lugar, allá por la Edad de Bronce.

Su aspecto es robusto, rodeada por cuatro torres cuadradas, nos recuerda su origen románico, del siglo XII. Ha sufrido numerosas transformaciones, añadidos a gusto de las épocas que han transcurrido y de este modo encontramos un altar mayor totalmente barroco frente a un rosetón gótico y junto a columnas de granito del mismo estilo. Una capilla con altar de plata y un hermoso mural en madera tallada a la entrada.

Dejamos a un lado la ciudad civil y nos recreamos en la eclesiástica. Deberíamos decir que la Catedral es el principal edificio en cuanto a culto se refiere. Pero artísticamente hablando, o mejor dicho, popularmente, no lo es.

Anteriormente os comenté que la torre de los Clérigos es como el emblema de Oporto, por lo tanto resta popularidad a la catedral. Por otra parte, las iglesias del Carmen y de los Carmelitas, por sus leyendas y profusión de elementos decorativos, también atraen a un turismo ávido de lugares diferentes. En cuanto a riqueza excesiva sería la de San Francisco la que ocupara el primer lugar. <-------------------------
Picota frente a la Catedral

Frente a fachada principal la retorcida columna o picota, frente a una de las torres de la muralla, sobre unas escalinatas de piedras, espera servir de fondo a las fotos de los turistas. No se alejan mucho de ella estos puestecillos en donde se venden productos de la tierra, castañas asadas en un fuego que humea y calienta el aire del invierno, y como no podía faltar, los vasitos de Oporto.

Palacio Episcopal, junto a la Catedral

Como ya os vengo comentando a lo largo de todo este relato, la arquitectura en Oporto es predominantemente barroca y rococo. Influencia francesa o británica que se respira por todos los rincones.

Como cada iglesia, cada fachada habla por si misma, y mis conocimientos de la historia de Oporto son muy escasos, me limitaré a deciros el nombre de cada una de ellas. Las imágenes hablan por si mismas.

 

 

 

<-------Iglesia de la Misericordia

 

Iglesia de las Almas
Iglesia de los Congregados
Iglesia de San Ildefonso
Via Catarina
Y de nuevo saltamos a otro tema. Volvemos a la arquitectura civil, más "actual" pero con sabor rancio. La Via Catarina es el centro comercial y aristocrático de la ciudad. Y otra vez los carritos de castañas y otros productos calientan el aire frío de diciembre.
Los comercios actuales que invaden todas las grandes ciudades, se mezclan con los primeros del siglo pasado creando un ambiente inusual.
Colorido, luz y solera se unen en estos edificios
Me llama la atención el cierre de este comercio, el marco de su escaparate....
y que junto a este, me transporta al recuerdo de mis abuelas.
El Café Majectic es otro de los lugares de los que Oporto se siente orgullosa. Es un rancio café, elegante, donde en su día debió darse cita toda la aristocracia de Oporto. Hoy conserva ese toque especial de señorío y delicadeza de los años 20. Aún las lunas de los espejos son las de la época en que se construyó, y así lo gritan a voces esas marcas del fondo de plata deteriorado, que dejan zonas como manchas en la superficie.
Interior del Café Majestic

Se hizo la noche, y la época navideña ilumina la Via Catarina...

Con esta imagen y los últimos pasos por la ciudad, junto a la Bolsa, San Francisco, y otros rincones que por falta de luz no puedo enseñaros en fotos, concluyó mi estancia de unas horas en Oporto. Lo suficiente para dejarme, como tantas otras veces, la miel en los labios y el deseo de volver.

Aprovecharé estás hermosas imágenes de la ribera para contaros algo de la historia de Oporto.

Como os he comentado antes, fueron los habitantes de la Edad del Bronce los primeros pobladores, pero eso es ir demasiado lejos, por lo tanto, comenzaremos en esos años de nuestra era en que Oporto mantenía relaciones comerciales con todo el mundo romano, controlando la ruta que iba de Lisboa a Braga, es decir, la costa Portuguesa.

Cais das pedras
El primer nombre de Oporto, fue Cale, más tarde sería Porto, y eso daría lugar a Portocale, Portugal, manteniendo Oporto el último de los nombres: Porto, O Porto El Puerto.
Los Puertos de esta ciudad y su colindante Vilanova de Caia llegaron a ser de los más importantes en los siglos XIII y XV, contribuyendo a ello enormemente el espíritu aventurero y explorador de don Henrique el Navegante.
Y como dato curioso, el sobrenombre que reciben los portuenses, "tripeiros" se debe al sacrificio de esta ciudad a favor de las tropas que partieron a la conquista de Ceuta. Todo los alimentos posibles se les enviaban a los ejércitos implicados, entre ellos la mejor carne, más bien toda la carne, quedando en Oporto solo los despojos con los que se alimentaba la ciudad. Ello dio lugar a un plato típico, Tripas a moda do Porto, y a su sobrenombre "Tripeiros" que ellos llevan con orgullo.
Como reconocimiento a la profusión de arquitectura de diferentes estilos que debe ser protegida, a su característico casco antiguo y otra serie de cualidades que adornan a esta ciudad, ha sido nombrada Patrimonio de la Humanidad.
He podido observar en mi visita las numerosas obras de conservación y mejora, entre otras una via de metro, la mayor parte superficial, el subsuelo es roca dura y los tecnicos aconsejan que sea aérea esta via. Esto será un buen paso en el desarrollo de la ciudad que conserva su antiguedad en medio de una vida moderna.

Pero aún queda mucho por hacer. Algo que me ha llamado la atención y no de forma positiva ciertamente, es la cantidad de casas abandonadas, ruinosas en medio de otras magnificas y bien conservadas. Puede que esto le de un aire especial, pero desentona sobremanera. Es el punto negativo de la imagen que conservo de esta ciudad, llena de encanto.

Soy cosnciente de lo mucho que se podría decir sobre Oporto. Es imperdonable no hablar de sus bodegas, de su historia unida a la de mi país, de ese rey, Alfonso Henriquez, que a sus 19 años se rebeló contra su madre, viuda, y se convirtió en el primer rey de Portugal y de tanta historia que sería imposible resumir en un día de visita. Por otra parte, yo no la conozco. Solo soy una turista que busca información y os transmite lo que hasta mi llega. Espero no haberos cansado y haber despertado en vosotros suficiente interés como para averiguar mucho más sobre esta gran ciudad.

Charo Bustamante

Portugal antor.org

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