Estrecho de Arroyo Frío

Estrecho de Arroyo Frío

De nuevo nos dirigimos a la Serranía de Cuenca atravesando las primeras hoces y barrancos, como los del Arroyo de los Corzos, cercano al pueblo de El Recuenco que tanto me agradó la primera vez que lo vi, rodeados de los bosques de Alcatud, y acompañados por el río del mismo nombre y el Guadiela.

Nos introducimos en la Hoz de Priego y lamento enormemente que esta hoz no tenga ni siquiera arcén junto a la carretera para poder recorrerla a pie, lógico por otra parte, debido a la anchura tan escasa que apenas permite el paso de la carretera. Pero siempre que la cruzo mis ojos no pueden apartarse de las paredes curvadas que parecen venir hacia nosotros y del precioso río Escabas que corre suave y cristalino cambiando su color según la hora del día.

Reina de los prados (Filipéndula)

Salimos de la hoz para contemplar los campos de labor en donde el mimbre se seca en sus chozas, y nos adentramos de nuevo en otra hoz que a través de unos túneles excavados en la roca nos lleva al pueblo de Fuertescusa. De allí tomamos la dirección a Poyatos y en el momento en el que la carretera se bifurca en dos ramales, tomamos el que va a Tragacete, para a unos doscientos metros aparcar el coche junto a un puente que salva las aguas del Escabas y del que sale una pista de tierra, comienzo de nuestra ruta. He de advertir que la mayor parte de esta ruta atraviesa una finca particular, cuyo dueño encontramos y no parecía muy complacido por el hecho de que pasemos por sus tierras, aunque no puede negarse debido a la llamada "servidumbre de paso". Le aseguramos que no haríamos nada que pudiera dañar su propiedad y al final de la excursión, cuando volvimos a encontrarle su talante era de lo más amable. Entiendo por otra parte su recelo, puesto que cada persona es un mundo y no todos respetamos lo ajeno como deberíamos. Pero entremos de lleno en lo que es la ruta:

 

En principio es una pista ancha y llana, rodeada de pinares y verdes prados, donde los rosales muestran sus flores y el suelo se cubre de toda clase de plantas nuevas.

Collado y Cordal de Corralizas

Predominan las moradas salvias, las filipéndulas, o reinas de los prados, con fino tallo y minúsculas florecillas blancas, de delicados estambres, los junquillos, las margaritas... un sin fin de colores de primavera.

Casi sin darnos cuenta llegamos hasta una casa de piedra en donde la pista se bifurca en dos, tomando nosotros la que asciende a nuestra derecha, que nos introduce en un barranco estrecho, por donde corre el arroyo de la Hortizuela.

La pista sube como inicio de lo que va a ser una buena parte de nuestra ruta, teniendo ya que vadear el arroyo, y viendo los primeros roquedos que abundan en la zona. De nuevo la vista de las flores me atrae enormemente, no en vano el suelo está lleno de orquídeas y gladiolos, a cual más hermoso.

La pista llega a una explanada de fresca hierba en donde las ruinas de dos casas nos marca el punto en donde debemos cambiar el rumbo.

Roquedos junto al Arroyo Frío

Tomamos a nuestra izquierda atravesando la verde campa y nos dirigimos al barranco por donde deberíamos encontrar una pista. No es así, a pesar de que en su día si la hubo. Se trataba de un arrastradero para la saca de troncos, hoy en desuso, por lo que el barranco ha recuperado lo que es suyo y ahora es una subida de piedra y roca, un barranco empinado, sin apenas zigzagueo por el que ascendemos penosamente.

El desnivel a salvar es de unos 250 o 270 metros , según nos han informado, la cuesta es repentina, y solo palía el esfuerzo la vista de los roquedos redondeados y verticales que forman el cordal de Corralizas.

Cuando ya el esfuerzo empieza a hacerse notar, alcanzamos la recompensa, un precioso collado, en donde el horizonte se abre al frente. Una pradera rodeada de columnas de roca gris, como si estuvieran cinceladas a propósito para dar marco a este lugar de ensueño.

Al frente, se abre el valle de Corralizas, profundo y verde, rodeado de pinos, y en el que los majuelos, rosales y bojes proliferan a sus anchas.

Cascada

De nuevo las reinas de los prados, los gladiolos y las salvias pueblan el suelo. Encontramos una variedad de tomillo poco frecuente en estas latitudes, el serpol, de flor mas grande y vistosa. El arroyo corre oculto y sonoro entre maleza. Un sendero ancho es ahora el que nos lleva al fondo del valle, en cómodo caminar que nos hace olvidar las piedras del barranco anterior.

Llegamos a un punto en el que el arroyo desemboca en el que es nuestro protagonista, el Arroyo Frío, mucho más ancho y caudaloso, y que aparece a nuestra derecha.

Junto a él, un rodal de pinos nos invita al descanso y así lo hacemos. No solo nos acompañan los pinos y los majuelos, aquí también hay avellanos y saucedas. Y de nuevo varetas de campanillas blancas, gladiolos y margaritas.

 

Emprendemos de nuevo la marcha para llegar en unos momentos al río, debiendo entonces descalzarnos para continuar a veces vadeándolo y otras introduciéndonos en su lecho para poder salir del estrecho.

En principio las aguas no son muy profundas y caminamos sobre las piedras del cauce o por los trozos de sendero que lo rodean.

Un tramo del estrecho

Uno de estos tramos es muy empinado y casi a su fin nos muestra la sorpresa de la excursión. El río se precipita al estrecho barranco en una cascada de unos diez metros de altura.

Debido a la espesa vegetación tenemos que buscar el punto en donde poder contemplarla mejor, encontrando dificultad para poder fotografiarla. El ojo consigue evitar las ramas y "adivinar" la fuerte caída.

Si queremos verla en su totalidad debemos subir algo por el cauce y llegar a su base, pero no contábamos con las profundas pozas que aunque no nos cubrirían por completo, si nos mojarían todo el cuerpo y no hemos traído bañadores, con lo que me queda un saborcillo amargo y un deseo de volver bastante fuerte.

 

Orquídea

A partir de este punto el caminar por el lecho del río es obligado, con el agua a veces por encima de las rodillas, saltando sobre las piedras, sintiendo en nuestras piernas la fuerza de la corriente que se estrella en ellas y busca caminillos estrechos, o bien forma pozas que tenemos que tratar de evitar.

Las paredes de roca se hacen cada vez mas altas al tiempo que se estrecha el barranco llegando a no tener ni dos metros de ancho en algunos tramos.

Al fondo el horizonte se abre, formando una V, donde el río recupera la calma y se vuelve sereno.

Llegamos a una poza estrecha de inclinadas paredes deslizantes que me hacen pensar en una seria dificultad si no quiero mojarme demasiado, pero pronto vemos que a la izquierda surge un senderillo que nos ayudará a salir del atolladero. No lo dejaremos ya. Cruza el río a pocos metros y se vuelve ancho y cómodo entre pinos llevándonos de nuevo a otro vadeo del que surge una pista que sube y se aleja del cauce.

Gladiolo silvestre

 

Aquí el paraje es amplio. De nuevo un valle rodeado de montañas de pinos, y las mismas flores y arbustos de toda la jornada.

Una casa verde, un refugio de caza privado, nos sirve para descansar un rato, contemplando la preciosa pradera cubierta de flores, y en la que encontramos una de las más hermosas orquídeas silvestres, las orquídeas piramidales, de las que hay bastantes ejemplares junto a la casa.

A partir de aquí el caminar es cómodo. La pista muy marcada, en principio de fuerte subida, nos lleva a un collado en donde es el cantueso quien domina la pradera.

Pradera al final de la ruta

 

Ahora nuestro caminar es un cómodo paseo. Los pies, fatigados del barranco del comienzo, se han recuperado con las frías aguas del arroyo y nos sentimos bien, muy bien... No estamos cansados y solo nos apetece contemplar el amplio valle.

Caminamos aproximadamente durante una hora, hasta llegar muy cerca del cauce del arroyo del Valle que no se deja ver, pero que se oye entre la maleza.

Cuando el pinar deja paso a una amplia campa, divisamos a los lejos los cortados que limitan el valle del Escabas.

Al fin encontramos la casa y la pista que tomamos por la mañana para comenzar la ruta y emprendemos el regreso por camino conocido. Ha sido un día precioso.

Junio, 2004

M.R.B.M.