Embalse del Molino de la CinchaEn Puente Vadillos, localidad cercana al conocido Balneario de Solán de Cabras, confluyen dos ríos, el Cuervo y el Guadiela. Al poco de su unión comienza a ensanchar el cauce, ya como Guadiela, y origen del Embalse del Molino de la Chincha, lugar que visitamos en esta excursión, que es, principalmente, un agradable paseo de unos nueve kilómetros por las orillas de este represamiento.
Al comienzo es una ancha franja de río, semioculta entre los pinos y saucedas que lo rodean. El camino es una pista rodeada de aulagas, cardos, crupinas, guijas, infinidad de flores, ahora no están en su mejor momento, lo que me hace pensar en cómo debe ser esta zona en la primavera, cuando las aulagas lucen sus flores amarillas, y las margaritas alfombran el suelo. Está plagado de mariposas, amarillas, blancas moteadas de negro, negras moteadas de colores, libélulas... Creo que es una zona rica biológicamente hablando. Los carrizos invaden las aguas, por lo que cantidad de patos anidan en ellas. Escucho las ranas, y pienso que debe haber un sinnúmero de animales acuáticos que no podemos observar a simple vista.
Subimos una corta pendiente y es cuando el pantano se muestra más hermoso. Se ha ensanchado y las rocas aparecen en sus orillas. Discurre creando entrantes en los que se reflejan los pinos. Cada vez se hace más amplio y más verde. Al fondo vemos el Estrecho de Guijarro, lugar en el que se ha ubicado la presa, aprovechando las dos grandes rocas que forman el estrecho. Según mis últimas referencias, bajo estas aguas, se encuentra una de las más hermosas cuevas de la zona. Solo puede ser visitada por espeleologos expertos y con los debidos permisos. Lo más destacado es una gran sala central de una belleza espectacular. Lástima que solo pueda imaginarlo.
Llegados a la presa, la cruzamos y bajamos por unas empinadas escaleras hasta los edificios pertenecientes a las instalaciones de la central eléctrica. De ellos sale un canal, y baja una pista que cruza el río. Desde este punto la vista del Estrecho es magnifica. Dos grandes moles que forman la entrada de la llamada Hoz de Tragavivos.
El canal es una conducción de agua, similar a la tan conocida de El Cares en Asturias. Discurre unos seis kilómetros a través de la hoz que forma el Guadiela. La profundidad del barranco y los picachos que lo rodean sin verdaderamente atractivos. La ruta se realiza por el borde de cemento del canal, de unos cuarenta centímetros de ancho. Debemos caminar por su parte externa y así evitar los salientes que impiden el paso por la otra orilla. Al llegar a la aldea de Santa Cristina, donde existe otra central eléctrica, hay que desandar los seis kilómetros de canal para volver al punto de origen. Es esta circunstancia la que hace que esta ruta no sea recomendada para "todos los públicos", solo los más animosos y equilibrados deberían arriesgarse a hacerla. Por mi parte, no tuve ánimo para tal hazaña. Me conformé con contemplar los alrededores, aunque no descarto realizarla en otro momento.
A los pocos metros del comienzo del canal, se encuentra el aliviadero del embalse. Forma un bonito salto, que vuelve blanquecinas las verdes aguas del Guadiela. Esta zona es muy calcárea, por lo que las aguas arrastran caliza que se posa en los fondos. Cuando las aguas se precipitan, como en este caso, lógicamente se vuelven de este color blanquecino tan característico de ellas.
De vuelta a la presa, nos acercamos a la orilla donde pudimos descansar y pasar las horas calurosas del centro del día. No hay muchos lugares que tengan acceso a las aguas, pero si nos fijamos, podemos encontrarlos. Este que elegimos, está protegido por los pinos que dan buena sombra. Cerca de las orillas crece el romero, las arroyuelas, y otras flores cuyo nombre desconozco.
Las aguas están cuajadas de pececillos diminutos, y otros no tanto. Los vemos saltar de vez en cuando, así como las ranas que entran a las aguas y salen a la tierra a su antojo. En las zonas cercanas a las orillas, crecen los juncos, inmersos en las aguas, y unas plantas, que según creo, son llamadas polígonos anfibios. Sus hojas son alargadas, y sus flores estrechas y menudas, un largo tallo, acabado en una especie de espiga de diminutas flores amoratadas. Es una bonita ruta, muy cómoda y agradable. Incluso la aproximación por la carretera es interesante. Por una parte discurre por el estrecho de Priego, por otra la Hoz de Beteta, en la que se encuentran lugares interesantes como la fuente de los Tilos, la casa de la Toba, y la cueva de la Ramera.
Julio 2.003 M.R.B.M.
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