Río Escabas

Por el Escabas

El Escabas es un subafluente del Tajo, y como este, forma parte de la cuenca denominada Alto Tajo. Nace en las tierras del Parque Cinegético de El Hosquillo. Sus aguas corren en una zona que podemos incluir en la Serranía de Cuenca, de la que se separa pronto para ir a unirse al río Guadiela y en él al Tajo.

Forma el Estrecho de Priego, precioso lugar por el que discurre la carretera que continúa por Cañamares hacia Fuertescusa.

En Cañamares, un represamiento hace las delicias de los habitantes de la zona, que se recrean en épocas estivales en esta piscina natural, y por cierto bastante fría. La pasamos y entramos en unos túneles excavados en la roca con el fin de facilitar el paso de la carretera.

Es entre los dos primeros donde surge un empinado senderillo por que que accedemos al río Escabas.

 

Los túneles de la carretera

Cruzamos el arroyo del Peral y en a pocos metros encontramos el Escabas. En él se han colocado unas piedras a modo de vado, pero el río pasa sobre ellas, lo que nos obliga a descalzarnos para poder cruzarlo.

La época de calor en la que estamos, hace que el remojón resulte agradable, y además será el preludio de lo que nos va a acompañar la mayor parte del día.

Podríamos llamar a esta ruta un paseo en el Escabas, pues la cuarta parte de ella la pasamos literalmente en él, vadeando una y otra vez sus aguas, a veces más profundas que otras.

Caminamos por la pista que bordea el río, dos rodadas paralelas en medio de una alta hierba en la que los chopos se mezclan con los pinos y quejigos.

Al poco una enorme roca, una pared de piedra lisa y gris, da sombra a las aguas de una profunda poza en la que alguien se está bañando.

El río

 

No llevamos mucho rato caminando cuando la pista se dirige a las aguas. Es en este punto donde comienza el constante vadeo. Cinco veces atravesaremos sus aguas y otras tantas a la vuelta.

El río a veces es profundo. La pista busca las zonas más superficiales y lo atraviesa sobre piedras redondeadas a veces cubiertas de vegetación de río.

El agua no está fría, llevamos zapatillas de goma, lo que hace mas agradable el cruzar las piedras, y lo que podría ser desagradable se convierte en una delicia.

Continuamos por la orilla contraria sin quitar la vista del cauce. No muy lejos del punto por el que hemos cruzado, el río se hace profundo. Una piedra emerge y se refleja en sus verdes y cristalinas aguas.

Hay peces que corren a su alrededor y los carrizos y saucedas bordean su lecho que ha abierto un profundo barranco de grises paredes y recortados picachos.

 

Profunda poza en el río

Una y otra vez cruzamos las aguas. Los vados se sitúan muy próximos los unos de los otros, por lo que nos estamos empapando literalmente de este precioso río, por el que debo confesar que siento una gran debilidad.

No es muy tarde. Aún las luces de la mañana dan un tono especial a las aguas. Son verdes espejos en los que la vegetación y las rocas se miran a diario.

A veces las grandes moles se introducen en él. En dos ocasiones la pista se pierde y debemos cruzar las rocas. Al ir lo hacemos por el centro de ellas, con unos pasos no muy cómodos. Al regreso decidimos ir por el borde, con cuidado, aquí el río es profundo y el riesgo de caer al agua supone un remojón no solo para nosotros, sino también para nuestros macutos, cámara etc. los cuales no lo agradecerían...

 

Continuamos caminando, ya sin volver a vadear, durante unos dos kilómetros y llegamos al puente de Las Labradas. Esta parte no es tan espectacular como la que acabamos de hacer. Eso sí, cómoda, apacible, entre pinares que cubren las laderas.

Paredes junto al río

Frente al puente hay una casa y una pista que asciende hasta la carretera que se dirige a Fuertescusa. Sería una opción para el regreso, subir por ella y no repetir el camino andado pero descartamos la idea puesto que esto nos obligaría a caminar por la carretera unos dos kilómetros

Continuamos por la pista hasta que se aleja del río al cabo de una media hora de camino. Aquí se cruza otra pista que asciende por la derecha en sentido contrario al nuestro, y unas rodadas poco marcadas nos bajan a una explanada junto al río.

Decidimos quedarnos a la fresca sombra de unos chopos y nogueras. El río invita al baño, y la sombra al descanso. Aceptamos ambas opciones y cuando el calor fuerte ha pasado emprendemos el regreso por el mismo sitio que la ida.

De todos modos, el lugar idóneo para el baño es junto a la gran piedra que forma a su alrededor una magnifica poza, de aguas transparentes y suficientemente profundas.

 

Esquema y comentario de ruta

Comienza la ruta entre los dos primeros túneles que encontramos en la carretera que une Cañamares y Fuertescusa, a unos 2 kmts de esta última.

Atravesar el arroyo del Peral y seguir el sendero que en pocos metros conduce al río. Cruzar por las piedras puestas como vado y continuar la pista que a veces se convierte en sendero, y a veces discurre por el cauce del río.

Al llegar al Puente de las Labradas, cruza una pista pero no tomarla. Seguir siempre por la misma que traemos hasta que se cruce con otra que sube en dirección contraria, donde daremos por terminada la ruta.

Si decidimos no volver por el mismo lugar, tomar la pista que pasa por el Puente de las Labradas. Esta sube a buscar la carretera que se dirige a Fuertescusa, a un kmts. aproximadamente de esta localidad.

NOTA---- El esquema es solo orientativo. No es a escala, ni guarda el trazado de la pista.

El plano a escala se puede encontrar en las hojas 563 y 564, escala 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional.

 

Julio 2.003

M.R.B.M.