Cabecera del Río Guadiela

Praderas donde nace el Guadiela

 

La ruta que hoy os contaremos podríamos decir que es un cómodo paseo por una pista de buen firme que nos conduce hasta la zona donde nace el Guadiela, pero no podremos ver donde aflora, como tantas veces en esta zona, debido a que sus fuentes son pequeñas surgencias que se adivinan por los rodales de hierba más alta que el resto, lo que nos indica que bajo ella hay agua.

Al igual que el Tajo, se reúnen de forma subterránea, y crean en la superficie una abundante vegetación de saucedas, tan tupida que oculta las aguas cuando el río decide salir a la luz, por lo que cuando podemos ver su cauce a través de algún resquicio en el que la maleza nos permite asomarnos, ya es un río ancho que corre con abundante caudal y salta sonoro entre las piedras, formando alguna que otra cascadita a la que también dificulta el acceso un terraplén arenoso. Sea como fuere, merece la pena darse un paseo por esta zona, a ser posible en un día fresco de primavera, cuando el campo estalla en colorido.

Pradera cubierta de gamones

 

Comenzamos a caminar en la pista que se abre frente al pueblo de Cueva del Hierro, que dicho sea de paso, es un punto en el que merece la pena hacer un alto y visitar su mina ancestral.

Al principio es una zona llana, utilizada para el cultivo. Avanzamos entre majuelos en los que ahora están empezando a brotar minúsculos botones que en una semana o dos serán blancas flores y cubrirán sus ramas de hojitas de nieve e intenso perfume. En estas zonas, la primavera es algo tardía, debido a las bajas temperaturas que llegan a registrarse en invierno.

 

Flor de agracejo

Hoy el punto de color lo ponen otras espinosas, las aulagas y agracejos de amarillos intensos y de un aroma meloso que impregna el aire.

No tardamos mucho en adentrarnos en el pinar. Las laderas, verdes de hierba nueva, están pobladas de gamones, blancas varetas erectas cubiertas de estrellas de flores. Los ranúnculos están por todas partes, y el lino abre sus flores azules formando ramilletes de largos y finos tallos.

El sol está en lo alto, y los pinos apenas nos dan sombra. Hace calor a pesar de ser media mañana.

 

El suelo está cubierto de flores

Al cabo de algo más de una hora, llegamos a un punto en el que un circo de roquedos cierra un valle en donde antes hubo cultivos de mimbre. Ahora son praderas salpicadas de margaritas blancas y ranúnculos amarillos. Es en este punto donde nace el Guadiela. Nos introducimos por una rodadas de coche en las praderas hasta que la maleza nos corta el paso. Se distingue el lugar donde las fuentes surgen porque la hierba es más alta y fresca, pero no vemos el agua.

No hay mucho que contemplar en este lugar y decidimos retroceder algo hasta un refugio que hemos dejado junto a la pista. Está rodeado de mesas de piedra y fogones. Una fuente deja caer un fuerte caño de agua fresca. El lugar es de lo más apacible. El silencio solo lo rompen los trinos de los pájaros y el canto de los cucos, que nos han acompañado todo el camino.

Pino en flor

Los pinos están en flor, esa flor extraña, que no parece una flor, mas bien una piña alargada y pilosa, pero flor al fin al cabo. Son largas y rematan todas las ramitas que brillan al sol. Me paro a pensar casi de forma inconsciente lo hermosa que es la naturaleza, y lo poco que reparamos en estas pequeñas cosas que llenan el alma de paz. Un ave vuela bajo y rápido. Por su tamaño y comportamiento me parece una rapaz, pero no sé distinguirla y lo lamento. Podría ser un alimoche, pero no me atrevo a asegurarlo. Por estos lugares la fauna debe ser interesante para los expertos. Hemos visto huellas en el camino que bien podrían ser de algún tipo de ciervo o similar. Y me lamento por mi ignorancia. Tumbada en la pradera, en medio del silencio, la mente vuela y me siento tan libre como esos pájaros pequeños que cantan en el pino que me da sombra.

Flores de lino

Al cabo de un rato, mi espíritu inquieto hace que me levante y vaya a buscar el río que suena no muy lejano con la vana esperanza de verle nacer.

Es imposible, la maleza lo cubre todo. En un punto en el que se aclara un tanto, consigo ver el cauce, que ya es ancho y sonoro. Continúo subiendo y mirando a través de los resquicios del ramaje, pero solo consigo ver trozos de caudal entre las ramas.

Desisto cuando la espesura ya no deja ni siquiera esperanza... Vuelvo pasos atrás y me alejo algo más para poder contemplar como salta en una cascada no muy grande, pero hermosa, a la que no puedo bajar porque el terraplén de arena suelta me aconseja quedarme viéndola de lejos. Hoy estoy perezosa, será el calor, o la paz de este entorno que me hace disfrutar del sosiego.

Ya de regreso, los pinos nos dan sombra y a pesar de que es hora de calor, lo sentimos menos gracias a ella y a la brisa que sopla suavemente.

El río se ha hecho desear, han sido pocos los tramos en los que hemos podido verlo, y en uno de ellos me llaman la atención unos rodales de lirios de un precioso color amarillo, poco habitual al menos para mi, lo que me sorprende y me agrada, aunque el terreno pantanoso me impide aproximarme.

Está claro que hoy no es mi día, o yo me siento incapaz de hacer el mínimo esfuerzo para salvar las dificultades... debe ser el calor que a última hora de la tarde nos traerá un tormenta bien cargada de rayos y truenos... De todos modos merece la pena el paseo.

Junio 2.004

M.R.B.M.