La Laguna de El Tobar y el Pantano de la Tosca
A unos cuatro kilómetros de Beteta, encontramos una preciosa laguna, al pié de un cortado rocoso, cubierto de pinos y quejigos. Se sitúa a dos kmts. de El Tobar, y no sé quién tomó el nombre de quién, si la laguna del pueblo o el pueblo de la laguna... Lo que si sé es que merece la pena hacerle una visita.
Partimos de El Tobar y dejamos a la izquierda la pista que nos conduce a la laguna. Nuestra intención es llegar al pantano de La Tosca y así hacer una ruta cómoda y a la vez contemplar agradables paisajes. El camino en principio es una subida no muy pronunciada, y desde él vamos contemplando cada vez más lejana la laguna, hasta que después de un giro del camino la perdemos de vista y empezamos a disfrutar de un paisaje diferente.
Como toda la zona , el terreno calizo ha formado caprichosas formas que se yerguen entre los pinos. El día no es caluroso, y nuestro caminar es agradable. Entre los pinos, la maleza es abundante. En medio de una espesura de aulagas de gran tamaño, los rosales cubiertos de rojas bayas se abren paso, dando un alegre colorido.
En algo más de una hora divisamos las verdes aguas del pantano. Caminamos por sus orillas hasta llegar a la presa. Nuestra mirada va de izquierda a derecha, de los cortados al agua, una y otra vez, disfrutando del contraste. A lo lejos distinguimos unas colmenas y en ellas alguien que las cuida.
El paseo es muy agradable. Los bordes del camino están llenos de majuelos, cargados de rojas bayas. Bajo un cielo tan limpio, es imposible dejar de admirarlos.
Muy cerca de la presa, un bosquecillo de quejigos nos llama la atención. En esta época están preciosos. Sus ramas están cargadas de agallas rojas.
Es difícil imaginar de que se tratan estas agallas. Se diría que son bellotas del quejigo. No es así. Para quienes no lo sepan, aclararé que se trata de defensas del árbol. Cuando los insectos atacan sus brotes tiernos, segrega una sustancia que aprisiona al enemigo creando esta preciosa forma leñosa, de color rojo intenso en principio, y mas tarde marrón como si realmente fuera un fruto.
Después de haber comido en una preciosa pradera entre pinos y rosales, regresamos y nos dirigimos a La Laguna. Está rodeada de mimbres. Esta planta es muy común en la zona. Es un cultivo que da riqueza a estos pueblos. Aquí se trabaja el mimbre, se le da forma y acaba siendo esos bonitos cestos, incluso muebles y otros objetos que nos llaman la atención en las tiendas especializadas.
La Laguna, es un precioso lugar en cuyas orillas crece el carrizo y, en la parte mas cercana a la pista, un ramillete de nenúfares flota sobre ella. Bajo una chopera, hay gente que ha venido a pasar el día. Han estado bañándose y comiendo junto a la laguna. Se respira paz en este lugar, las aguas serenas, movidas por una suave brisa, brillan al sol como un cristal azulado.
Frente a nosotros los cortados se dibujan afilados. Decidimos acercarnos a la masa rocosa y por una senda bien marcada pasar a la orilla opuesta, en donde un arroyo alimenta la laguna. No es este el único medio para llenarla. De forma artificial, se ha construido un canal que trae agua del pantano. No sé exactamente el motivo de esta alimentación, pero pienso que será con fines industriales...
Tuve la oportunidad de visitarla en invierno y así comprobé el precioso color rojizo que toman los mimbres cuando pierden las hojas. Ya estaban empezando a segarlos.
El trabajo es muy laborioso. Una vez cortados se llevan a un secadero, y más tarde se tallan agrupándolos en gavillas de igual tamaño, para después hacer con ellos una carbonera, de forma semejante a una tienda india. Los mimbres son de dos especies distintas, el mimbre blanco, y el rojo , también conocido como butt. El tratamiento que se les da es diferente. Mientras que al rojo se le cuece en una caldera para después pelarlo y una vez secado ponerlo a la venta, al blanco se le introduce en unas pozas de agua (empoce), donde se deja hasta que brotan nuevas yemas. Es entonces cuando se pela, se deja secar en el secadero y posteriormente se comercializa.
SEPTIEMBRE, 2.002 M.R.B.M.
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