Pesquerías Reales

El lugar conocido como Pesquerías Reales se asienta en los márgenes del río Eresma. Pero aún más popular es la zona conocida como La Boca del Asno, en las proximidades de Valsaín. Hoy nos proponemos recorrer un tramo de este río, pasar y superar la conocida Boca del Asno y llegar al nacimiento del Eresma, que no es otra cosa que la confluencia de los arroyos del Telégrafo, que baja de Navacerrada , y el del Paular, que se precipita desde las cercanías de Peñalara.
Comienzo de la ruta

Pero haremos algo de historia. Nos situaremos en las proximidades de La Granja. a unos dos kilómetros de esta localidad, encontramos el embalse del Pontón Alto, donde nos disponemos a comenzar nuestra ruta.

Es un camino cómodo, y ya desde el principio encontramos paneles informativos de lo que ha sido la historia de este lugar. Para ello nada mejor que leer los paneles que nos lo cuentan:

Realmente, este rey era un tanto... especial. Sus aficiones aún hoy nos sirven para nuestro recreo, y pienso que en el fondo tenía algo de senderista... Bien dejemos las bromas...

Nuestro recorrido comienza en una bonita explanada junto al embalse, que refleja el sol de un caluroso mes de julio. Está comenzando a avanzar la mañana y ya se nota lo que se nos avecina.

Embalse del Pontón Alto

En poco rato bordeamos el embalse y encontramos un sendero que nos lleva claramente a lo que aún queda de ese paseo regio de piedras y vegetación por donde el Eresma corre a pesar de la sequía.

Río Eresma

Al cabo de una hora de caminar llegamos a la confluencia de la carretera en donde una pradera amplia remansa el río y en ella, los caballos ponen una estampa romántica, bucólica, difícil de olvidar.

Preciosa imagen

Las casas de las afueras de Valsaín se aproximan a las ruinas de un palacio. De nuevo, prefiero que las palabras de los expertos hablen por si mismas.

De este lugar, hoy solo quedan ruinas, paredes que aún aguantan en pie, pero nada que ver con el esplendor de sus días de gloria. Además de que a nosotros, en este momento, lo que nos apetece es caminar, poca atención dedicamos al lugar y continuamos atravesando de la explanada por la que ya el sol se deja sentir. Al fondo pone el marco la cuerda en la que destaca Peñalara y Siete Picos, con la bruma del calor en sus laderas.

Al fondo Siete Picos

No tardamos en entrar el el pinar y caminar por las orillas del río que nos deleita con rincones en los que las piedras, los saltos del río y los helechos tapizan el suelo.

El primer punto en donde encontramos un área de recreo es el conocido como el de Los Asientos. Ya hay personas que están dispuestas a pasar el día junto a las frescas aguas y las sombras del pinar.

Poza en el Río Eresma

La subida es muy cómoda, y a medida que avanzamos encontramos grupos que, como nosotros, hacen esta ruta en sentido contrario. Lo habitual es comenzar en Navacerrada o Cotos y terminar en Valsaín, es decir una marcha de travesía. Nosotros tenemos que hacerla de ida y vuelta, por nuestro medio de transporte. No nos importa, nunca el campo es igual. Lo que durante la mañana vemos de una manera, en la tarde es totalmente distinto. Es el embrujo del sol y las sombras.

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Mariposa

Lo que nos espera en este recorrido hasta el puente de La Cantina, es todo un espectáculo de revueltas rocas alisadas por el tiempo y las aguas, saltos y pozas, bares y gentío en La boca del Asno, y más arriba calma, sosiego y paz.

Por fin llegamos al Puente de la Cantina, inmortalizado por Ernest Heminway en su novela Por quien doblan las campanas. Famoso puente en donde la muerte y la guerra se hacen patéticas. No puedo dejar de pensar en ello cuando remontamos el senderito que nos separa del río y nos lleva hasta él. Es un caminito entre helechos, húmedo, empinado, y al pie del puente nos sentamos a descansar unos minutos. Atrás hemos dejado una hermosa poza, a la que regresaremos en un corto espacio de tiempo. Pero queremos dar un rodeo y acercarnos a la confluencia del Arroyo Minguete con el del Telégrafo.

Por una cómoda pista llegamos al arroyo y después de atravesarlo, continuamos por un senderito que haciendo una lazo nos volverá a llevar al Eresma.

Es un lugar idílico. Poco visitado, el sendero se vuelve salvaje, rodeado de helechos que cada vez van siendo más profusos. Ganan altura, nos rebasan la cintura, es una selva llena de encanto. Soledad, silencio, frescura...

Helechos

Hemos pasado a las orillas del arroyo del Telégrafo y, cuando casi estamos junto a la unión de este con el del Paular, un rincón pomposamente llamado Baño de Venus nos sale al paso. Es una bonita poza, con cascadita y rocas, que en este momento está rodeada de gente. Ya no hay rincón en Guadarrama que no sea conocido...

Baño de Venus

Decidimos hacer un alto justo en el nacimiento del Eresma, es decir en la junta de los arroyos, sobre una lisa roca bajo la que se remansa una poza que nos permite mojarnos y refrescarnos un poco.

Acueducto sobre el Eresma

De nuevo en marcha, recorremos el camino de esta mañana que con la luz de la tarde parece diferente. Ahora nos acercamos, ya en las proximidades de Valsaín, a un puente de piedra, con una construcción que semeja a la romana, aunque evidentemente no lo es. Pero pone un toque especial a la excursión.

De nuevo un panel nos informa que este puente tiene su origen en un antiguo acueducto que servia para abastecer de agua al Palacio de Valsaín, tomándola del Arroyo Peñalara. Corría el acueducto sobre este puente de un solo arco, que se sostiene sobre veintisiete pilares escondidos enmedio de pinos y que, una vez salvado el cauce, continua por un canal a cielo abierto hasta llegar al palacio.

En la clave del arco, un escudo nos asegura la vinculación de este acueducto a las dependencias reales.

El Pinar

De nuevo en marcha, atravesamos la carretera donde el sol cae de lleno y nos introducimos en la parte en donde la calzada de piedra es más patente.

En la margen opuesta a nuestro camino, unas ruinas se reflejan en el río. Es una edificación relacionada con los pabellones de pesca de nuestro monarca.

Reflejos en el río

Cae la tarde, baja el calor y las orillas del embalse se vuelven muy agradables para el paseo. Las aguas son el espejo de las montañas, de los reflejos del sol y de nosotros mismos que nos miraríamos en ellas largo rato.

Embalse del Pontón Alto

De nuevo llegamos al aparcamiento, ahora lleno de coches y nos alejamos con intenciones, como siempre, de volver.

Julio 2.006

M.R.B.M.