Cabo Ogoño - Ría de Mundaka

Urdaibai / Vizcaya

 

Elantxobe

En nuestro segundo día por tierras vascas caminaremos entre montes verdes y rocosos acantilados. Iniciamos nuestro recorrido en Elantxobe. Este pueblecito pesquero tiene el encanto doble de situarse en la ladera de la montaña y asomarse al mar tanto, que casi parece caer a él. Es un puertecito con la ternura de las cosas pequeñas, como incrustado en la grandiosidad de la costa cantábrica que desde él se pierde de vista.

Costas de Elantxobe

En el comienzo de nuestra ruta, cuando la cuesta se dirige a Ogoño, unos paneles informativos nos cuentan historias de Elantxobe. Su significado, Bajo Elantxo, como barrio de dicho pueblo, y su historia, fuertemente ligada a la caza de las ballenas y a los corsarios.

No entro en cómo se caza un ballena, a pesar de que el panel lo explica extensamente, pero sí quiero contaros lo que nos dice acerca de los corsarios.

Eléboro

Parece que en este núcleo urbano surgieron los primeros corsarios vascos y "... para protegerse de los piratas, armaron sus buques para viajar a tierras lejanas como Terranova. Los corsarios, a diferencia de los piratas, disponían de permiso real para atacar a los buques con los que su soberano estaba en conflicto. Este permiso es lo que se denomina patente de corso "

Una vez comprendidas las explicaciones, bastante interesantes por cierto, comenzamos a subir al cabo por una pendiente rodeada de eucaliptos.

Panorámica desde el Cabo Ogoño

Llegamos a un cruce de caminos. A la izquierda nos acercaríamos al acantilado más cercano, a la derecha, el camino nos lleva a Elantxobe y será el que tomemos al regreso. Nosotros seguimos al frente en donde pronto la pista cómoda se vuelve empinado sendero en el que las piedras afloran y dificultan el paso.

Pero no importa, no es complicado y lo que nos espera al final recompensa el esfuerzo.

Playa de Laga

Estamos en la cima del Cabo Ogoño. Un saliente rocoso, acantilados recortados, piedras recubiertas de flores, y abajo el inmenso mar rompiendo en las rocas sus olas de crestas espumosas, azul intenso a lo lejos... A nuestros pies la magnifica playa de Laga. Dos calas, de arena la una, de piedras la otra, separadas por una lengua de roca que las dibuja de filigrana. A lo lejos Mundaka y su ría, más allá Bermeo y más aún el Cabo de Machichaco.

Aguileña

Regresamos a Elantxobe por el camino que antes sobrepasamos. En este caso, es la costa que lo bordea la que deleita la vista.

Cerrando el círculo, llegamos al cementerio y tomamos una pista que se abre a la derecha y nos lleva al interior. Nos dirigimos a la Playa de Laida y la Ría de Mundaka a través de los bosques y montes. A nuestro paso serán muchas cosas hermosas las que veremos.

Caserío

La ruta es un continuo subir y bajar por verdes laderas cuajadas de aguileñas, eléboros y manzanos en flor. No faltan los caseríos, aislados o agrupados en racimos que resaltan en el verdor del paisaje.

Caserío

Algunos de ellos, a pesar de estar habitados, mantienen todo el sabor de lo antiguo, otros, como este, está sumamente cuidado. Una señora en el balcón de la casa de al lado, me dice muy orgullosa que este que os muestro es del siglo XVII. ¿Quien lo diría? Está realmente cuidado...

Flores de manzano

De nuevo la subida se encrespa y hace el caminar fatigoso. El sol calienta con fuerza. Estamos teniendo suerte. En la época que estamos podría llover y sin embargo hace un tiempo casi veraniego.

Llegamos a la Ermita de San Pedro de Arratxe, desde donde las vistas son magnificas. A nuestra derecha el Cabo Ogoño, de donde venimos, a la izquierda de nuevo la ría de Mundaka, y la Isla de Izaro al frente. La isla de Izaro es esa que tantas veces hemos visto dando título a una compañía cinematográfica. Y mientras la contemplamos, recordamos la leyenda que nos cuenta la historia del monje enamorado que se estrelló en las rocas de la costa de Bermeo cuando nadaba para encontrarse con su amada. (Castigo divino a su osadía???)

Ría de Mundaka

De nuevo en marcha comenzamos a bajar y nos introducimos en un tupido bosque. Es una zona que dicen se trata de un encinar. Pero es un encinar cantábrico, y eso me dificulta bastante su identificación. Son claramente quercus, pero no se parecen en nada a las que conozco. No son las hermosas dehesas a las que estoy acostumbrada. Aquí es un bosque espeso, en donde apenas se puede caminar fuera del sendero. Está invadido de laureles, madroños, rosales, majuelos y zarzas. Los eléboros son muy abundantes, y los manzanos aparecen cuando nos aproximamos a la playa de Laida.

Ría de Mundaka

La Playa de Laida se abre en la desembocadura de la Ría de Mundaka. Esta ría se adentra hasta Guernika. Aquí, es Mundaka la que se asoma a ella con sus rojos tejados y su puerto.

La arena forma islotes donde se posan las aves, mientras el mar se balancea queriendo entrar en tierra y empaparse de verde. Multitud de barcas llenan de colorido la paz de este entorno. En la terraza del bar marinero, la espumosa cerveza nos refresca del calor del camino mientras sentimos un calor más agradable, el calor de la charla amistosa entre los compañeros de senda.

Y me pregunto por un instante ¿Qué diferenciará este momento de los que se viven en el paraíso?

Abril 2.005

M.R.B.M.