Puerto de Sollube - San Juan de Gaztelugatxe

- Urdaibai - Vizcaya -

El primer día de nuestra estancia en Urdaibai, comenzamos nuestra andadura en el Puerto de Sollube. Una tarde despejada afortunadamente. El tiempo es siempre cambiante e inesperado en esta estación.

Bermeo, Cabo Ogoño e Isla de Ízaro

 

Al fondo del puerto, a lo lejos, se dibuja el cabo de Ogoño y la isla de Izaro. Debo deciros que en ese momento no tenía ni idea de donde me encontraba. Solo sabía que esos tejados rojos que se esconden en la saliente ladera pertenecen a Bermeo. ¡Que pequeño parece Bermeo desde estas alturas! Pude visitarlo otro día y apreciar que es una hermosa ciudad, adornada por un magnifico puerto en donde parecía que se habían dado cita todos los barcos de Euskadi.

Comenzamos una suave subida por una buena pista entre pinares y pastos verdes.

Pronto abandonamos la pista y ascendemos por una pendiente muy fuerte y arenosa, con piedras sueltas que nos llevan al Monte Burgoa. Estamos en la parte más alta del cabo Matxitxako contemplando el inmenso Cantábrico.

Isla de Aqueche

La bajada nos lleva de nuevo por la pista a un lugar que parece sacado de un cuento. Nos separamos un momento por un sendero que nos acerca al acantilado y la contemplación del espectáculo comienza. A lo lejos,en la cresta de un saliente rocoso se destaca un rojo tejado. Es la ermita de San Juan de Gaztelugatxe. Al otro extremo de nuestra mirada, un islote de roca blanquecina deja que el mar se estrelle y lo modele, abriendo dos puentes altos por donde el agua se cuela con fuerza. Es la Isla de Aqueche, un paraíso para las aves acuáticas que aquí encuentran soledad y silencio. No solo son gaviotas las que anidan en ellas, también los cormoranes y otras muchas especies.

San Juan de Gaztelugaxte e Isla de Aqueche

Deseamos llegar cuanto antes a esta maravilla y bajamos por la carretera hasta las cercanías de Bakio.

Bakio es un pueblo costero, con una bonita playa. Hoy está vacía. A lo lejos se dibujan entre brumas salientes de la tierra como lenguas que lamieran el mar. El último bien podría ser el Cabo Villano y la isla del mismo nombre. (Al menos esa es la conclusión que ha sacado una profana a fuerza de mirar el mapa)

Bakio

 

Giramos hacia la costa y bajamos por un estrecho sendero hasta la carretera que nos lleva al istmo de la pequeña península donde se encuentra la ermita de San Juan.

Es un estrecho puente sobre la roca escupida por la Tierra, Dios sabe cuantos siglos hace. Lo atravieso y contemplo la piedra dura, excavada, horadada, arañada, alisada a fuerza de olas... Allá arriba está la ermita. Tengo referencias de que ha sido una y otra vez destruida, unas veces por las guerras, otras veces por incendios.

Para acceder a ella hay que salvar 234 peldaños. Pienso que eso es cosa de peregrinos y solo subo los necesarios para ver los acantilados y el perfil de esta casi "muralla china".

San Juan de Gaztelugatxe

Me detengo en el puente. El viento sopla y hace algo de fresco. Una vez que me he llenado de las imágenes magnificas de estas olas rompiendo en los acantilados, decido subir por la carretera y esperar a los compañeros arriba. Mi pretensión es tener un rato de soledad. Necesito estar conmigo misma. Necesito hablar con estas olas de blanca espuma. Dejar que mi espíritu navegue sin barco y lo consigo en un banco solitario allá arriba, en donde acaba la empinada carretera, bajo un pino silencioso, sin viento ni calor.

Observo mi camisa empapada por el esfuerzo de la subida. Casi arriba una fuente invita a beber el agua de su caño. Me he detenido y he sentido su frescura como la mejor recompensa.

Frente a mi se abre el Cantábrico. Tiene fama de ser mar bravío. Hoy está en calma. Lo miro sin poder dejar de hacerlo. Siento que me arrastran sus olas. Azul y blanco. Roca y espuma. Paso un buen rato contemplándolo, dejándome llevar muy lejos. Recuerdos de años pasados en estas costas del norte, sus playas inmensas, sus mareas vivas que cubren todo por unas horas y luego se alejan tanto que cuesta llegar al mar. Las galernas furiosas y luego la calma... No lamento no haber subido a la ermita. Esto es mi paraíso.

San Juan de Gaztelugatxe

En este punto encuentro de nuevo a los compañeros y salgo del ensueño. Retornamos a Bilbao. Mañana visitaremos otro magnifico lugar.

Abril 2.006

M.R.B.M.